Lejos de las polémicas que provocó el «no premio» al presidente Néstor Kirchner en Washington, la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) le prestó su auditorio a la organización Sheit HaPleitá (sobrevivientes del Holocausto) para festejar allí un nuevo aniversario de la capitulación de la Alemania nazi el 8 de mayo de 1945. Llamativamente, los invitados de honor fueron los embajadores de la propia Alemania, de Polonia y de Lituania, sin dudas, los tres países que de manera más dura exterminaron (o colaboraron a hacerlo) a sus comunidades judías locales. También hubo funcionarios de otras representaciones diplomáticas (Gran Bretaña y Estados Unidos), pero no de la Cancillería argentina, algo que ya parece ser una constante cuando se trata de actos de la comunidad judía. «Las cosas cambiaron, pero de todos modos vemos cómo resurgen en Europa viejos sentimientos antijudíos, los mismos que hace poco más de medio siglo provocaron la mayor tragedia de la humanidad», dijo a un auditorio colmado José Mozskowickz, presidente honorario de Sheit HaPleitá y sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz.
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Coincidió con él Benjamín Katzav, titular a cargo de la AMIA (su presidente Abraham Kaúl aún no había regresado de la capital de Estados Unidos, donde asistió a la frustrada «premiación» a Kirchner), quien comparó el odio racial de los nazis con el actual terrorismo. «Si por esos años hubiéramos detenido a Hitler a tiempo, se habría evitado la muerte de seis millones de inocentes en los campos de concentración y de muchos más en las ciudades y en los campos de batalla», dijo en su discurso. «Hoy hay que detener el terrorismo.»
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