Irrumpieron en 2003 como una nueva modalidad delictiva. Al principio eran pocos casos, en su mayoría protagonizados por presos que buscaban, inventándole a la víctima el secuestro de un familiar, obtener créditos telefónicos gratis de las tarjetas prepagas. Pero actualmente la situación de los delincuentes se profesionalizó y ya es una metodología en aumento.
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«Todos los días hay un caso. Es una modalidad delictiva en aumento y que a los delincuentes les reditúa bastante dinero. En una oportunidad, una víctima llegó a pagar 15.000 dólares», dijo un jefe policial.
Pero la estadística de secuestros virtuales es aún mayor: la cifra en negro es incalculable. Hay ocasiones en las que la Policía desalienta las denuncias, y en otros casos son las víctimas las que no quieren hacer la presentación.
Según fuentes oficiales, la metodología que más se repitió en los últimos tiempos es la de un delincuente que se hace pasar por personal policial y le comunica que un familiar sufrió un accidente o fue víctima de un asalto. Cuando el interlocutor cayó en la trampa, el malviviente cambia su versión y el tono de su voz y le dice que, en realidad, su pariente está secuestrado. En ese momento el tiempo corre a favor de los falsos captores, que a los gritos aseguran que si no hay pago, el cautivo puede ser mutilado o asesinado. Los pagos se realizan muchas veces en tachos de basura en calles donde el tránsito vehicular es casi nulo.
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