El Gobierno porteño anunció ayer que comenzará la restauración del Obelisco y que lo hará con una velocidad inusual para la gestión: treinta días.
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El trabajo incluye lavar, revocar y pintar el monumento, que el año próximo cumplirá 70 años de su polémico emplazamiento en mayo de 1936, cuando a poco tiempo de ser terminado se lo calificó como «adefesio» y el Concejo Deliberante votó casi por unanimidad destruirlo. La ordenanza, por su puesto, no se cumplió y de a poco los porteños se acostumbraron a llevarlo como símbolo de la Ciudad.
Diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch y construido por Siemens Baunion, en apenas cuatro semanas, para llegar a tiempo al cuarto centenario de la Fundación de Buenos Aires, el Obelisco será ahora renovado con aportes privados.
El secretario de Producción, Eduardo Epszteyn, y la Cámara de Empresarios Pintores y de Restauraciones Afines de la República Argentina ( Ceprara) firmaron un convenio mediante el cual las tareas estarán a cargo de Ceprara, que ya realizó esa tarea en 1986 y en 1996. «La obra tiene un plazo de 30 días y a la Ciudad no le va a costar un peso», aclaró Aníbal Ibarra.
El monumento sufrirá un hidrolavado total y se le retirará todo el revoque flojo o no debidamente adherido a la base y se le aplicará pintura látex acrílica, hasta llegar a un espesor de 90 micrones, con el color «Piedra París».
Los obreros deberán utilizar silletas y andamios móviles, ya que el uso de grúas está prohibido en la zona porque no se podrá obstruir o entorpecer el tránsito en la Plaza de la República.
El Obelisco se encuentra donde aseguran que flameó por primera vez la Bandera nacional, es decir la torre de la iglesia de San Nicolás, el 23 de agosto de 1812, que debió ser destruida para el ensanche de la avenida 9 de Julio.
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