14 de mayo 2004 - 00:00

Ineficacia en Policía de Capital

El decapitar 107 oficiales superiores de la Policía Federal -sólo 30 de ellos con sumario y sin que se haya determinado culpabilidades aún-está provocando serias dificultades. Al volver de su internación en el Sur, el presidente Néstor Kirchner pidió todos los legajos de jefes y por eso los políticos le adjudican a él la decapitación, cumplida por un débil Gustavo Béliz, incapaz de oponerse a nada, aunque sea exagerado. Por lo mismo, en el Congreso creen que no responde a perfeccionamiento ni a seguridad la enorme cantidad de bajas en la Federal sino al temido «proyecto hegemónico» que le adjudican al Presidente que incluye desde el dominio de la Corte Suprema, la Procuración, pasando por medios de prensa, empresa propia de energía y terminando -por ahora-en fuerzas de seguridad. De ser como dicen los políticos que Kirchner «quiere tener su Estado propio dentro del Estado», ¿cómo se explica que entre los 107 dados de baja haya 27 comisarios que ascendió en febrero, se fotografió con ellos en la Casa Rosada y se supone que le responderían para un fin de «aparato propio»?¿Habrá sido otro de los arrebatos del Presidente o sea su criticado accionar de alegre «estudiantina» en el gobierno? Lo cierto es que la Policía Federal hoy está trabada. Mandos nuevos desconocen hasta el papeleo, cuestiones simples vecinales que resolvían pacífica y rápidamente comisarios veteranos hoy son remitidas a fiscales porque nadie quiere asumir riesgos. Están trabados hasta el otorgamiento de documentos y la tramitación normal en comisarías. Han desaparecido hasta los investigadores más experimentados. Por suerte coincide el desconcierto de mandos con un período de baja del delito -Juan Carlos Blumberg, sus concentraciones masivas y la sanción de sus proyectos de leyes mediante- porque una Policía Federal ineficiente por confusa es muy grave. En la provincia de Buenos Aires, en cambio, se están haciendo las cosas mejor y allí la baja del delito y dos meses sin un policía muerto responden a eficacia mejorada, sin defenestraciones sospechadas de fines políticos.

Comentaba ayer este diario que de un mes a esta parte -en realidad casi 45 días- mejoró bastante la seguridad en el Gran Buenos Aires y, por derivación, en la Capital Federal. Como no es noticia mala lamentablemente no se menciona pero es así. No hay secuestros relevantes ni siquiera tipo express, salvo dos excepciones: el joven empleado de una heladería en Merlo, no muy claro si fue secuestro por ser liberado sin pago tras algunas agresiones. También sólo la versión de un express, muy caro, Germán Freers por 4 horas el miércoles. Pero en dos meses no hay policías muertos aunque falta credibilidad en la gente y dicen que es porque no intervienen a raíz de las continuas «purgas». También bajó, en Capital, el índice de «hurtos».

La repercusión que logró Juan Carlos Blumberg fue importante y sus manifestaciones masivas en público impactaron. También en parte se atribuye a penas más severas que votan los parlamentos aunque haya juristas -tipo la legisladora María del Carmen Falbo, Eugenio Zaffaroni y otros- que las criticaban, impulsando una liviandad e impunidad en la Argentina de la delincuencia que no se da en otros países. Es de esperar que tales críticos no se sientan frustrados por esta paz, quizá precaria, pero paz al fin que llegó como alivio sobre una población angustiada. Hay que reconocer también que el accionar de Blumberg y el alevoso asesinato de su hijo Axel trajeronhombres nuevos a las fuerzasde seguridad y se sacó de la rutina a muchos de los existentes.

En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, nos informaban que se pusieron muchas medidas en marcha, más allá de la contratación de 1.500 policías nuevos, por ahora, hasta llegar a 4.000 en un futuro cercano y hasta 16 mil en tres años.

• Reincidentes

Por ejemplo se trabajó con las estadísticas a fondo y se determinó que 86% de los dediarialitos proviene de reincidentes o de menores de edad, o sea aparecen muy pocos « delincuentes nuevos». También nos informaban que se ha comenzado a trabajar sobre «los saldos», o sea intensificar la búsqueda de aquellos delincuentes -a veces uno, a veces dos-que logran escapar al detenerse a los 5, 6 o más miembros principales de una banda de secuestradores. Son delincuentes potenciales por ahora «a resguardo» al ser detenidos sus compinches y quedar ellos como «saldo». Esto requiere hoy en la provincia a veces hasta la averiguación de antecedentes de 250 personas por día.

Simultáneamente el nuevo secretario de Seguridad bonaerense, León Arslanian, no se ha limitado sólo a «depurar» la Policía como lo caracterizó en el pasado. Incursiona en la prevención, por caso en la ubicación y averiguación de la situación actual de ex delincuentes que cumplieron condenas. Se le ha dado más medios y participación al «patronato de liberados». Que el ex convicto no tenga trabajo o haya desaparecido del último domicilio registrado motivan su inmediata búsqueda por ese alto porcentaje de reincidentes en los delitos.

En la Capital Federal -donde Gustavo Béliz todavía está solo en la etapa de las « purgas» de oficiales para imponer el terror de los cuadros de la Policía Federal más que en los núcleos delictivos-se mejora poco. Entre Béliz y el propio gobierno nacional afectan a las provincias en cuanto a disponer de más fondos para la seguridad en el área metropolitana. El aumento de $ 150 a sueldos de la administración pública central, sin que hubiera grandes presiones por la baja inflación, fue un golpe demagógico de Néstor Kirchner porque tenía pocos beneficiarios, menos de 100.000. Pero se desataron los conflictos por lograr lo mismo en el interior del país, donde hay alrededor de un millón y medio de empleados por debajo de $ 1.000 de salario por mes, incluyendo a los policías.

Para el gobernador Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires tener que seguir al gobierno nacional en esos $ 150 concedidos le significa 470 millones de pesos del presupuesto anual cuando ya tendrá un recargo con el mayor gasto para brindar mejor seguridad como se está logrando, al menos por ahora.

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