La dama hipotensa

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Cristina de Kirchner, como todo presidente, debe sufrir la atribución de enfermedades que hace el público a todos los mandatarios. Decir que un mandatario está enfermo, muy enfermo, al borde del colapso, es uno de los costos que tiene la tarea. Lo sufrieron todos los presidentes, pero en los últimos años especialmente Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

El riojano continúa su larga carrera como un saludable senador después de que los cantamañanas le diagnosticasen males incurables. A De la Rúa se le sigue atribuyendo el colapso de su gobierno a alguna enfermedad de la conducta. Del estadista de Lomas de Zamora se dijo que era un depresivo crónico y se le adivinaban otros males por su condición de hipocondríaco. Pero sigue confiando en el pique cuando pesca tiburones y parece tener resto para diseñar el poskirchnerismo. Si las presunciones de los mentideros sobre la salud de Kirchner hubieran sido ciertas, el santacruceño estaría ya viendo la política desde otro balcón. Las molestias que le causa su colon irritable dieron lugar a exageraciones sobre su capacidad para terminar su mandato presidencial.

Ayer Cristina de Kirchner lanzó un plan de salud en La Plata y se adelantó a las fantasías sobre su estado. Se dijo antes, sin pruebas hasta ahora, que padecía el llamado trastorno bipolar, pero despejó las dudas. Es apenas hipotensa. Como todo político que se siente predestinado para el cargo, puso a esa condición como un activo importante para gobernar la Argentina.

«Sobre este tema de la salud todos preguntaban quién es hipertenso, quién es diabético. Yo soy hipotensa, al revés; si fuera hipertensa sería difícil ser presidenta de la República Argentina, realmente».

Esta inhibición para hacer política en quienes padecen la noble y fatal hipertensión pareció una broma, algo impensable para el estilo grave que les pone a todas las circunstancias la Presidente. «Con mucha fuerza, con mucho optimismo, trabajando por uno de los temas claves que considero que es la salud estamos ejecutando actualmente 14 obras y hospitales», agregó. No podrían hacer eso, imaginó, quienes padecen presión alta. Como no es médica, no se le puede pedir más precisiones sobre las consecuencias de la alta y la baja presión.

Sí que no ignore un dato cierto y común: a determinada edad, superando los 50, muchos hipotensos se vuelven hipertensos.

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