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El mismo día, la Bonaerense detuvo en San Francisco Solano a dos secuestradores de un vecino tomado en Almirante Brown cuando llegaba con el auto a su casa. El fiscal Jorge Sica, al que equivocadamente critica Juan Carlos Blumberg, hace dos meses logró liberar al padre del Jorge «Corcho» Rodríguez. El único pecado de Sica fue de vanidad, cuando se exhibió en conferencia de prensa con Rodríguez contando el éxito. Pero no estuvo mal aconsejándole a Blumberg padre que lo dejara investigar y no pagara una suma relativamente exigua de 28.000 pesos, que efectivamente podría haber salvado a su hijo Axel, como a otro muchacho secuestrado por el mismo grupo y lo mismo al empresario directivo Guillermo Ortiz de Rosas. ¿No habrían destrozado con críticas a Sica si aconsejaba al padre pagar, como lo hicieron con el gobernador Felipe Solá cuando lo dijo? La Policía Bonaerense también descubrió -y están a disposición del juez federal Conrado Bergesio-a los secuestradores y busca a los asesinos de Axel Blum-berg. Hay 4 detenidos y, sin lugar a dudas, está identificado el lugar donde lo retuvieron en La Reja. Claro, sirve menos porque llegaron tarde y, además, porque en su intento de huida en plena noche, luego frustrada al ser recapturado, un vecino llamó 4 veces a una comisaría de Moreno y le dijeron «métase en su casa». No es fácil para policías limitados en medios acudir a lo que parecía una pelea más entre vecinos y no un secuestro.
Además, cuando un patrullero bonaerense se tiroteó cerca de la Panamericana con los secuestradores de Axel Blumberg y éstos lograron huir (por la casualidad de tener un auto blindado que le habían robado al empresario Rosas), también intervino otro auto de la SIDE. Ni los bonaerenses ni los de la SIDE aparentemente tuvieron la culpa, pero este organismo del Estado nacional participó junto con la Bonaerense en ese fracaso que pudo salvar a tiempo la vida del joven Blum-berg, por lo que no se justifica el ataque del presidente de la Nación sólo a la Bonaerense y al gobernador Felipe Solá, que tiene una tarea ardua. Esa Policía de la provincia no tiene tantos «teléfonos pinchados» como la SIDE (así se logró desbaratar el secuestro de Luján) y, cada vez que logra un éxito contra esta terrible proliferación de mafias de secuestradores, salen 10 líneas en los medios. Peor aún: cuando descubren, se dice que fue «porque los policías socios de la banda desistieron de seguir el secuestro».
No es así como se ayudará a la Policía a mejorar la seguridad, aunque no puede desconocerse que hay casos de corrupción y comisarios que dejan el uniforme y salen a robar, como se descubrió a uno y se lo detuvo. El problema es que los que gustan al gobierno nacional para la Policía bonaerense no son los más calmos para normalizar y corregir sino «los decapitadores» violentos de cúpulas, los ideologizados y que agraden además políticamente. Sin saber nunca por qué, más allá de la animosidad del Presidente, se obligó a Solá y a Duhalde a bajar como jefe de Seguridad a «Juanjo» Alvarez, un experimentado. ¿Creerá el gobierno nacional que con los odios por discriminaciones y cambios procesales que dejó León Arslanian su gestión encontrará la solución? El gobierno puede meter el pie hasta los testículos con tarifas arriesgando a la población a no tener gas ni luz y no pasa nada, pero un policía simple, cumpliendo con extras jornadas de 15 horas para reunir 1.000 pesos mensuales, somnoliento, expuesto a perder la vida en cualquier momento, es demonizado si no atiende unos llamados o si se le escapa un auto blindado.
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