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7 de marzo 2008 - 00:00

¿Lousteau se despide?

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No era adecuado el nombre de la cantina: "I due ladroni" en Palermo Hollywood, copia -como hace siempre el subdesarrollo- de un imperdible restorán romano. Allí, sigiloso, camisa blanca desabrochada y jeans, Martín Lousteau encabezaba una mesa plagada de mujeres treintañeras. Obviamente, estaba Anita, su novia (la conoció cuando era ministro de la Producción bonaerense, un ejemplo de consentido acoso laboral) y, según versiones, su futura mujer. Para algunos, inclusive, el festejo casi boquense era su propia despedida de soltero (él hace negar a sus colaboradores ese compromiso marital). Hubo champagne, pero sin desbordes (ya que en el gobierno le llamaron la atención por su excesiva disposición como bailarín en una fiesta reciente y pública). Ni una copa, menos un mendrugo, le enviaron al chofer que lo aguardaba en un Fiat Siena. Los regentes del lugar, un suizo reservado y un italiano, impidieron que actuaran los fotógrafos. Lástima: había buenas instantáneas de la delgada Anita -flaca, rubia, con cabello recogido, de pantalones negros y botas con taco aguja-desarmándose en arrumacos y besos con su novio minstro. Las otras treinteañeras festejaban el acceso social al poder y, los amigos de Lousteau, cruzaban frases en inglés y mencionaban nombres de conocidos. Mejor no decir lo que decían.

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