Frenar la obesidad, una deuda pendiente

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Buscan concientizar acerca de esta enfermedad epidémica, que es madre de muchas otras enfermedades crónicas no transmisibles y que representa uno de los mayores desafíos para la salud pública a nivel mundial. Una buena alimentación y la reducción del sedentarismo son las claves para prevenir el aumento de peso desde la infancia.

Declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como enfermedad, la obesidad representa un grave problema de salud pública en todo el mundo, con cifras que podrían crecer de manera alarmante de no establecerse bases firmes para prevenir el aumento de peso desde la infancia. Según los expertos el punto de partida debe ser la promoción de hábitos alimentarios saludables y un estilo de vida que incluya más movimiento, en una época en la que las pantallas están captando toda nuestra atención, sobre todo la de los más jóvenes. Por eso, más allá de las medidas que adopten los estados y de los programas de educación alimentaria, la adopción de hábitos saludables debe empezar en cada casa, en cada familia.

Pero ¿qué es la obesidad? Según la licenciada en nutrición Jacqueline Schuldberg, miembro de Asociación Nutricionistas Argentina (AADYND) y del Comité Ampliado Comisión Nutrición de la Sociedad Argentina Pediatría, “la obesidad y el sobrepeso se definen en pocas palabras como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”. En otras palabras, la causa fundamental del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas, aunque también puede llegar a existir una predisposición genética a la enfermedad. El mayor problema es que, tal como advierte Schuldberg, “el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para numerosas enfermedades crónicas, entre las que se incluyen la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer”. Esto quiere decir que la obesidad tiene la capacidad de desencadenar nuevas patologías. Por eso, si se previene, también se evita el desarrollo de estas.

La obesidad en los adultos es muchas veces consecuencia de la infantil. Por eso atacarla desde temprano es la mejor estrategia. Los niños con obesidad pueden tener problemas de salud que antes se consideraban exclusivos de los adultos, como diabetes, presión arterial alta y colesterol alto.

La obesidad infantil también puede generar baja autoestima y depresión, como explica la médica patóloga Victoria Cavoti (MN 111 677), patóloga con formación perinatal de una maternidad publica y dos sanatorios de alta complejidad de CABA. “Como médica sanitarista, al ver un niño o niña con sobrepeso, observo por un lado la punta de iceberg (el bullying, la incomodidad al moverse, al encontrar ropa cómoda y canchera, el aislamiento social con su grupo de pares), pero también la base (hipertensión arterial, riesgo cardiaco, dislipemias -alteración del colesterol-, afectación osteoarticular y diabetes”, narra. Y agrega que otra causa de obesidad es el ambiente obesogénico. “¿Qué es un ambiente obesogénico? Un hogar o una familia donde predominan los ultrapocesados (snacks salados, salchichas, tortas de cajita, postres, caramelos, alfajores, bebidas azucaradas, azúcar, medallones de pollo congelados, etc.), comidas rápidas, donde comer es un trámite y donde prevalecen las pantallas en lugar del juego activo”, señala la médica que, desde su cuenta de IG @soyvictoria-medicaycocinera, brinda herramientas para volver a la cocina un ambiente educativo, amoroso y saludable y propone ir desarmando de a poco estos entornos que entorpecen el crecimiento sano de los más pequeños.

La prevención es el camino

Respecto de cómo prevenirla, Schuldberg señala que en principio es necesario trabajar, desde la educación alimentaria, con políticas públicas y promoviendo en la población el control de la salud, y desde casa, estimulando el consumo de alimentos variados y en porciones adecuadas para cada edad. En este sentido, el etiquetado frontal, que está en pleno debate, es una estrategia que puede contribuir a una elección consciente de los alimentos, con toda la información que se necesita para la toma de decisiones. “Un etiquetado ideal será difícil de encontrar. Pero no es imposible. El objetivo sería encontrar un ´sistema´ que integre o logre un equilibrio entre la matriz del alimento y el nutriente crítico no recomendado (ácidos grasos saturados, sodio y azúcares). Cualquier sistema adoptado deberá contar con un apoyo, desde la educación alimentaria a la población para que aprenda a interpretarlo. Si la población aprende a elegir alimentos con buena matriz, con alta densidad de nutrientes y menores nutrientes críticos, por default elegirán mejor y podremos esperar mejores resultados en las próximas encuestas de salud y factores de riesgo en Argentina”, aclara la nutricionista.

Otro aspecto a tener en cuenta es la microbiota (ex flora intestinal), que hoy se sabe puede prevenir el desarrollo de obesidad. “Las personas que realizan una alimentación variada y completa, sean vegetarianos o no, suelen tener una microbiota mucho más saludable ya que reciben los nutrientes y microorganismos que estimulan el desarrollo de la microbiota intestinal (ex flora intestinal) y presentan menores índices de sobrepeso y obesidad. Esa microbiota intestinal sana nos protegerá del ingreso de microorganismos malos (o patógenos) y disminuirá la probabilidad de enfermarnos”.

Opina Cavoti que la microbiota es “una gran vedette”. “Estas miles y miles de bacterias que colonizan nuestro intestino tienen como función mantener nuestro cuerpo NO inflamado, colaboran con el buen funcionamiento del aparato digestivo, cardiovascular, endócrino, nuestro sistema nervioso central y límbico (emociones). Además, la microbiota nos permite absorber en forma correcta nutrientes y forma parte protagónico del sistema inmunológico".

En tercer lugar es importante combatir el sedentarismo. Las escuelas y las familias deben promover la actividad física, sobre todo en época de pandemia, donde las pantallas se multiplican y reemplazan el contacto con la naturaleza, el esparcimiento al aire libre y los juegos recreativos que implican movimiento. Proponer la práctica de deportes con pares, caminatas al aire libre o bicicleteadas en familia, siempre respetando los protocolos vigentes, es una buena manera de abandonar el encierro y la quietud.

Una deuda pendiente

En tanto, Schuldberg sostiene que “la obesidad mundial es una guerra que los profesionales de la salud venimos perdiendo”. Y agrega: “Las cifras de prevalencia son cada año más preocupantes. Evidentemente algo no estamos haciendo bien. Desde el lado que me toca, trabajar y educar desde la consulta nutricional, explicando con mensajes sencillos a los niños y dando soluciones fáciles y de costo accesible al adulto, es una manera de colaborar con esas familias en la optimización de su alimentación y nutrición”.

Para la especialista, uno de los factores que atenta contra la pelea para frenar la obesidad es la tendencia “a entrar en ciertas grietas o grupos pro o anti determinados alimentos, olvidando que muchas veces lo que genera es más confusión en la población”. En este sentido, Cavoti suma: “Tenemos el futuro de la salud de nuestros hijos en nuestras manos. En relación con la alimentación, la consigna es simple: cocinar sencillo, agregar más frutas y verduras de estación, incursionar con las legumbres, armar platos con arroz, huevos y verduras, hacer licuados de leche con onda, helados de frutas y yogur. Y si hablamos de movimiento, es esencial activar a los chicos con actividades que incentiven el movimiento del cuerpo. Seamos creativos, en la cocina y en lo lúdico. Así criaremos chicos más sanos, que se convertirán en adultos saludables”.

Las cifras de la obesidad

Según la OMS, desde 1975, la obesidad casi se triplicó en todo el mundo. A nivel mundial en 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos. En 2016, el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso, y el 13% eran obesas. En 2016, 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos y más de 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) con sobrepeso u obesidad.

La última de Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada en 2018 en nuestro país arrojó la conclusión de que 6 de cada 10 adultos tienen sobrepeso y obesidad. Estos valores han ido en aumento progresivo desde hace años. Hoy hay un 74% personas con sobrepeso que en 2005 y un 22 % más que en 2013. El 41,1 por ciento de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presenta exceso de peso según la segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud en Argentina

“La obesidad es considerada en la actualidad como una epidemia mundial, en adultos niños y adolescentes. Este aumento de peso implica que las personas tendrán más probabilidad de tener complicaciones metabólicas, diabetes, hipertensión, psicológicas, ortopédicas, entre otras. El mayor problema es cuando las personas no se reconocen obesos, sino que solo creen tener sobrepeso y esto agrava exponencialmente el manejo de la misma. No reconocer que la obesidad es una enfermedad ya no está en discusión. La OMS hace más de 70 años la declaró como enfermedad”, sostiene Schuldberg.

Cavoti agrega: “Si vemos las causas de muerte en Argentina vamos a leer en los primeros lugares enfermedad cardiovascular, cáncer y diabetes, que son muchas veces consecuencia de la obesidad. Algunos consideran que llamar enfermedad es estigmatizar a la persona, pero no es más que darle entidad a un problema de salud para que pueda estar en la agenda de los gobiernos, las escuelas, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación, la comunidad médica, las familias, las obras sociales y prepagas. Un niño o niña o adulto con obesidad requiere de un abordaje interdisciplinario al cual pocos pueden acceder”.

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