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Estas explosiones tienen dos modalidades: largas, que pueden durar varios segundos, causadas probablemente por el colapso y estallido de estrellas masivas, y cortas de sólo milisegundos de duración.
La noche del 9 al 10 de julio de 2005, el satélite HETE-2 de la NASA detectó una explosión de sólo 70 milisegundos de duración y, basándose en la detección de rayos X, logró determinar su posición en el cielo. Apenas 33 horas más tarde, Jens Hjorth y su equipo obtuvieron imágenes de esta región del cielo, empleando el telescopio danés de 1,5 metro que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en La Silla (Chile).
Las imágenes mostraron la presencia de una fuente de radiación desvaneciéndose, ubicada en el borde de una galaxia. «En consecuencia, hemos descubierto el primer resplandor óptico posterior a una explosión corta de rayos gama», dice Kristian Pedersen, también del Centro de Cosmología Oscura de Copenhague y coautor de la investigación.