Pablo Grillo, fotógrafo de 35 años, fue herido el pasado 12 de marzo, mientras registraba una marcha de jubilados frente al Congreso, cuando un gendarme disparó una cápsula de gas lacrimógeno que impactó en su cabeza. Ese mismo día ingresó grave al Hospital Ramos Mejía, donde los médicos constataron fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica y realizaron la primera intervención quirúrgica para salvarle la vida.
Desde 13 al 20 de marzo permaneció en coma inducido y en estado crítico. El 15 fue operado nuevamente por un hematoma y recién el 20 logró respirar sin asistencia mecánica. Su cuadro se mantuvo estable, hasta el 16 de abril, cuando fue sometido a nueva cirugía de urgencia para extraer tejido dañado. Hasta ese momento, los médicos hablaban de una evolución positiva dentro de la gravedad.
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Pablo Grillo, junto a uno de los enfermeros en mayo pasado.
El 7 de mayo aparecieron las primeras imágenes públicas de Grillo en un balcón del hospital, acompañado por enfermeros; lo que daba a entender de su progreso positivo, pero lento. Lamentablemente, el 21 de mayo su estado volvió a empeorar y debió ser sometido a otra operación por hidrocefalia. La intervención resultó positiva y comenzó de inmediato otro período de internación.
El 3 de junio, recibió el alta de terapia intensiva tras casi tres meses, pero continuó su rehabilitación en el Hospital Manuel Rocca. El 13 de agosto, le colocaron dos placas de titanio en ambos hemisferios del cráneo. La intervención fue considerada exitosa.
Sin embargo, cuando todo parecía estable, el 26 de agosto, los médicos detectaron que la válvula que regula el líquido cefalorraquídeo podría estar funcionando mal. Por eso, fue sometido a una séptima operación, para hacer un cierre manual de la válvula, bajo anestesia local. Hoy, 27 de agosto, debió regresar a terapia intensiva y ahora se espera por novedades de su estado de salud.
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El 3 de junio Pablo Grillo continuó su rehabilitación en el Hospital Manuel Rocca.
X: Sergio Rodríguez.
Las contradicciones de la causa que investiga la represión del 12 de marzo
La jueza María Servini citó a indagatoria al gendarme Héctor Jesús Guerrero, señalado como quien disparó en dirección horizontal, algo que contradice los protocolos de uso de armas no letales en espacios urbanos.
La reconstrucción balística realizada el 11 de agosto buscó determinar la velocidad y trayecto del proyectil, así como la ubicación exacta del efectivo en el momento del disparo. En paralelo, un informe del programa Mapa de la Policía concluyó que el gendarme actuó de manera irregular, mientras que un reporte interno de Gendarmería habló de “malas condiciones de visibilidad” e incluso deslizó cierta imprudencia de la víctima por su posición.
Para la defensa de Grillo, encabezada por la abogada Claudia Cesaroni, el informe de la fuerza fue cerrado de manera exprés, sin profundizar en la cadena de mandos ni en las decisiones políticas que derivaron en un operativo que dejó más de cien detenciones arbitrarias y decenas de heridos.
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En rojo, la trayectoria del proyectil de gas lacrimógeno que impactó en el cráneo de Pablo Grillo provocándole una fractura y pérdida de masa encefálica.
Cómo evoluciona Pablo Grillo después de la última operación
El pasado martes, los médicos detectaron que el ventrículo cerebral derecho se estaba dilatando más que el izquierdo, lo que sugería un mal funcionamiento de la válvula que regula el líquido cefalorraquídeo. Frente a esa situación, optaron por cerrar la válvula de manera manual con una pequeña incisión y anestesia local.
Según explicó su padre, Fabián Grillo, la esperanza es que el cerebro logre reacomodarse y expandirse en el nuevo cráneo sin depender de un drenaje excesivo. Pero el resultado aún es incierto. “Está muy cansado, adormilado, poco receptivo”, detalló. Los estudios de las últimas 48 horas confirmaron que la evolución es lenta y no hay cambios significativos en su estado neurológico.
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