La familia de Ariel Domínguez, el joven de 22 años que murió de un disparo en la cabeza efectuado, aparentemente en forma accidental, por un policía durante un confuso episodio ocurrido en el barrio porteño de San Telmo dijo que el agente "tiene que pagar por el homicidio".
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El cuerpo del joven fallecido arribó a una casa de sepelios ubicada en la avenida Mitre al 6600, en la localidad de Wilde, proveniente de la morgue judicial donde se realizó un emotivo adiós al joven. Un nutrido grupo de personas, entre familiares y amigos, se hizo presente en el lugar para despedir a Domínguez, cuyos restos serán inhumados en un cementerio de Avellaneda.
En la puerta de la casa funeraria, familiares y amigos expresaron su indignación por el episodio fatal y reiteraron su pedido para que testigos presenciales del hecho se presenten a dar su testimonio de los hechos ante la jueza de instrucción María Gabriela Lanz.
Asimismo, Leonardo Domínguez, uno de los hermanos del joven fallecido durante el incidente ocurrido el miércoles por la tarde, expresó su malestar por la versión policial de los hechos y dijo: "Nos dijeron que se le cayó el arma o que lo confundió. De todos modos tiene que pagar por el homicidio".
El joven consideró que un agente de seguridad "tendría que tener una preparación especial y tomar los recaudos necesarios". También hizo una fuerte crítica a la fuerzas de seguridad al advertir que cree en la Justicia pero ve que "nos quitan la vida los delincuentes, pero parece que también lo hacen los policías".
Ariel Domínguez, quien salía de su trabajo y cruzó una calle para tomar el colectivo, fue baleado por un cabo de apellido Mendoza cuando policías perseguían a un grupo de personas.
Leonardo Domínguez dijo que la familia recibió dos versiones de los hechos: "Que los policías perseguían a un grupo de personas que habían cometido a un robo y que lo hacían con adolescentes que habían cometido disturbios".
"Ariel era un chico normal y muy festivo. Nunca pensamos que iba a terminar así, por culpa de una persona que no tomó los recaudos necesarios en su profesión", expresó en declaraciones a un canal de cable.
Por otro lado, manifestó su desconfianza en que el arma del cabo "se haya disparado sola", como le indicaron en un primer momento a los familiares de la víctima. "Escuchamos expertos que dijeron que ese tipo de arma no se puede disparar sola, pero de todas manera, si fuera así, igual el policía tiene que pagar por lo que hizo", dijo Leonardo.
Una versión señala que el agente Mendoza, que custodiaba el Registro Nacional de las Personas, fue notificado de una persecución protagonizada por varios patrulleros y al ver a Domínguez cruzar a la carrera para tomar el colectivo lo corrió, se le cayó el arma y se disparó, impactando el proyectil en la cabeza del joven.
Otra versión indicaba que en realidad los perseguidos era un grupo de estudiantes secundarios,reunidos en ocasión el Día del Amigo, que había protagonizado disturbios. Mientras la información continuaba confusa, dos menores fueron detenidos por los incidentes.
El cabo Mendoza permanece detenido por la muerte del joven, aunque hasta el momento, el hecho no tenía carátula firme. Ariel Domínguez vivía en el partido de Avellaneda con sus padres y dos de sus hermanos -una hermana mayor ya formó su familia-, trabajaba en el sector mantenimiento de una empresa y en los últimos tiempos había retomado los estudios para dar las tres materias que le faltaban para completar el secundario que había terminado de cursar tres años atrás.
En el momento en el que recibió el disparo policial se aprestaba a tomar un colectivo para volver rápidamente a su casa, con el fin de estar a horario en la reunión que iban a celebrar el Día del Amigo con sus allegados más próximos, varios de los cuales esperaban la entrega de su cuerpo por parte de las autoridades para empezar a velarlo.
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