17 de febrero 2004 - 00:00
Piquetero violento era ladrón
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Mejías nació en diciembre de 1976, tiene 27 años y un prontuario penal al que si se le suma la agresión al taxista García podría devolverlo a la cárcel. Esto porque el delito que se le imputa hasta el momento -tipificado como «daño»- es excarcelable: tiene una pena que va de 15 días a un año de prisión. Sin embargo, no se descarta que se le imponga el agravante de «daño» cometido «en banda», circunstancia que aumenta la pena impuesta de tres meses a cuatro años de prisión.
Mejías figura en el Registro Nacional de Reincidencia Criminal y Carcelaria. Tiene una condena del 25 de setiembre de 2000 emitida por la sala I de Apelaciones en lo Penal de Lomas de Zamora, con una pena de un año de prisión por hurto calificado y robo simple en grado de tentativa y en concurso real.
La Policía está convencida de que se trata de un «compañero» de Mejías, perteneciente a la misma agrupación política de izquierda con asentamiento en la usurpada casa de San Telmo que funciona como comedor comunitario.
Los investigadores detectaron que la bandera que el hombre de cabellos ondulados y barba lleva colgada al cuello y que se extiende sobre su espalda tiene un distintivo especial: en vez del clásico sol tiene una estrella roja que podría ser el símbolo de la agrupación Montoneros o del desaparecido Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Lo que se sabe con certeza es que Mejías forma parte de un grupo de desocupados enrolado en las agrupaciones Organizaciones Libres del Pueblo y el Movimiento Trabajadores Desocupados (MTD) Evita, que suelen vender la revista «Hecho en Buenos Aires». Según los «piqueduros» de Néstor Pitrola (Partido Obrero), los agresores no pertenecen a su agrupación sino que están relacionadas con una afín al oficialismo, es decir, el MTD Evita. El único detenido por el violento corte de calles fue llevado ayer a Tribunales para ampliar su declaración indagatoria que comenzó el domingo por la tarde, pero que debió ser interrumpida porque la videocasetera del Juzgado en lo Criminal y Correccional N°8 tuvo problemas técnicos y dejó de funcionar.
A Mejías se le leyó la imputación de un expediente que ya está a punto de superar las 200 fojas y en el que consta la declaración del taxista García, los antecedentes del piquetero y hasta un par de fotos del matafuegos que el desocupado utilizó para hacer estallar los vidrios laterales del automóvil en dos perfectos y coordinados golpes. Ante la jueza María Susana Nocetti de Angelelli se negó a declarar. Ni siquiera quiso ver el video donde aparece rompiendo los vidrios del taxi.
En realidad, el filme que tiene la Justicia no es el mejor, por eso ayer intimaron a los canales Crónica TV y TN a que le remita copia de las filmaciones donde se ve claramente a Mejías haciéndose del matafuegos que el taxista usó para enfrentarse con los piqueteros. Con este elemento en su poder descargó la furia contra el automóvil, mientras García resistía como podía la agresión patoteril de los piqueteros.
Pero además de Mejías, la Policía busca a los agresores del taxista Enrique Urquiza, que fue golpeado luego de mantener un entredicho con piqueteros que le cortaron el paso.
Al finalizar la discusión Urquiza, que viajaba con su esposa y uno de sus hijos, regresó al auto, pero sorpresivamente alguien le abrió la puerta y le aplicó una trompada en la cara. El terrible golpe reventó el vidrio de sus anteojos que prácticamente se clavaron en sus pómulos.
El violento episodio provocó una cascada de críticas que el gobierno intentó atenuar a través de su ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien explicó la cautela policial con el argumento de que «se privilegió el contexto para no generar una batalla campal».
El corte del viernes comenzó poco después del mediodía en el cruce de Carlos Calvo y Lima, cuando los manifestantes de las organizaciones Rodrigo Bueno, Hotel El Cid y MTD Evita reclamaban ser recibidos por el secretario de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad, Rafael Romá, y 500 vales para comprar alimentos.



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