26 de mayo 2004 - 00:00
Poco Charly, demasiado Aute y Silvio, que se llevó la mayor ovación
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Broche de oro para el festival en Plaza de Mayo por el Día de la Patria: Charly García entonó el Himno Nacional, rompió la guitarra y dejó al público expectante.
Mientras actuaban los artistas, ocurría de todo: el grupo de entusiastas que se agolpaba cerca del escenario tarareaba y se empujaba para no alejarse, a la espera del final de fiesta. En los edificios circundantes y libres de vallado se veían campamentos de familias -algunos niños hasta dormían sobre mantas-; los más audaces se habían trepado a puestos de diarios, cabinas telefónicas, paradas de colectivos, estatuas, ramas de árboles, escaleras y ventanas del Banco Nación, Catedral Metropolitana y AFIP. El Cabildo se salvó porque estaba vallado.
• Broche de oro
Por las calles desfilaron los habituales vendedores de garrapiñada a los que se sumaba la competencia de los pastelitos, empanadas y panes rellenos; aros, pins, vinchas y remeras de la Argentina; y cuando se largó la lluvia, emergieron los vendedores de pilotines (a cinco pesos) y paraguas (a diez pesos). Pero hubo algo que no se vendía: el chocolate caliente (con alfajor para los chicos) que repartía el Ejército. Para recibir la vianda, la gente formaba cola de una cuadra bajo la lluvia.
Volviendo al recital de Aute, muchos de los presentes se preguntaban quién estaba tocando: «Un tal Aute, dicen. Estamos pidiendo artistas argentinos y traen un gallego», se quejaba una mujer que lucía una bandera argentina como si se tratara de una chalina.
El público ovacionó a Silvio Rodríguez, que iba a cantar pocos temas pero terminó interpretando una decena de canciones y hasta bises. Muchos se lamentaban de que hubiera llegado al país tras cinco años sólo para participar de este acto, pero sus allegados se justificaban: «El gobierno argentino lo invitó y no podía aprovechar para ofrecer además espectáculos comerciales». Lo mismo ocurrió con Aute y los uruguayos Falta y Resto, a quienes el gobierno pagó el pasaje y gastos de estadía. Pero ninguno de los artistas cobró cachet. Silly presentó al cubano Silvio Rodríguez pero antes repitió exaltado: «Gracias por el aguante, esta tarde es igual a la de 1810, con lluvia y paraguas, la gente no se mueve»; y más cerca de Piñón Fijo, dijo: «¿Lo llamamos a Silvio? ¿Me ayudan?», a lo que el público pasó del «Olé, olé, olé; Silvio, Silvio» a «Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda», mientras agitaban las banderas argentinas con la cara del Che Guevara.
El broche de oro lo dio Charly García, quien ingresó puntualmente en el escenario vestido con saco celeste y blanco, pantalón, zapatillas y, como siempre, uñas pintadas. Se ubicó frente al piano y entonó su versión del Himno Nacional. Tras su lúcida actuación, decepcionó a quienes habían asistido sólo por él pues se retiró del escenario, luego de romper su guitarra. Nada fuera de lo común en Charly, quizá sí para cierre del acto de la Patria.



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