Poco Charly, demasiado Aute y Silvio, que se llevó la mayor ovación

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Charly García volvió a ser «vedette» ayer en el recital de Plaza de Mayo; luego de entonar su versión del Himno Nacional, arrojó la guitarra contra el piso y la rompió, como hacía en otros tiempos. Ni la lluvia, ni los paraguas, ni los pastelitos, ni los invitados de afuera, como Luis Eduardo Aute y Silvio Rodríguez, superaron el protagonismo de Charly con una canción y un gesto bárbaro que su público suele festejarle. Decepcionó a quienes esperaban más y se quedaron con ganas de que siguiera cantando.

Contagiado por la euforia oficialista, el cantante español Luis Eduardo Aute comparaba la boda real con el festival de Plaza de Mayo: «En España he asistido a una boda fría; en la Argentina la boda es entre el pueblo y la administración». ¿Habrá visto el cantante más de esas curiosas similitudes entre ambas fiestas, por caso, el desfile de granaderos a caballo le habrá recordado al desfile de la pareja real? ¿Y el chocolate con alfajores que repartía el Ejército? ¿Y Piñón Fijo?

Sobre estos tópicos ironizaba un panfleto de una facción opositora que se había acercado a repudiar. La leyenda rezaba: «Hay circo porque no hay pan. Participan del evento: Piñón Fijo; García; Rodríguez; Aute; aumento de tarifas; envío de tropas a Haití; acuerdo con el FMI; 50% de pobres». Aute parecía un turista más de los tantos que se ufanaban por capturar el exotismo de la plaza y preguntaban los motivos del megafestival.

Algunos respondían:
«Se festeja el primer año de Néstor Kirchner»; otros explicaban: «Se celebra el 25 de Mayo, Día de la Patria». Claro que los organizadores festejaban más lo primero que lo segundo.

En el backstage se ubicaron
Aníbal Fernández, Ginés González García, Alicia Kirchner y Alberto Fernández, entre otros. Además de ser uno de los productores generales del evento, Alberto Fernández disfrutó de sus «pollos», Los Súper Ratones, grupo del que se declara fanático y sigue a todos sus shows. Cantaron «Cómo estamos hoy, eh?». No tuvo la misma suerte Aníbal Fernández, que no puede seguir a su grupo favorito, Los Redondos, pues se separaron hace algunos años.

Detrás de escena, los funcionarios se decían eufóricos con la excelente convocatoria, que el exagerado conductor Coco Silly estimó a los gritos en 300 mil personas. La Policía hablaba de 190 mil, durante el transcurso del día: hay que recordar que la gente comenzó a llegar a las 10 de la mañana y se dispersó entradas las 19. El recambio fue notorio: en las primeras horas se veía predominio de familias, mientras hacia el mediodía comenzaron a asomar los jóvenes que se acercaban para ver, fundamentalmente, a
Silvio Rodríguez y Charly García. La postal al mediodía exhibía lejanas banderas con la cara del Che y grupos políticos.

Mientras actuaban los artistas, ocurría de todo: el grupo de entusiastas que se agolpaba cerca del escenario tarareaba y se empujaba para no alejarse, a la espera del final de fiesta. En los edificios circundantes y libres de vallado se veían campamentos de familias -algunos niños hasta dormían sobre mantas-;
los más audaces se habían trepado a puestos de diarios, cabinas telefónicas, paradas de colectivos, estatuas, ramas de árboles, escaleras y ventanas del Banco Nación, Catedral Metropolitana y AFIP. El Cabildo se salvó porque estaba vallado.

• Broche de oro

Por las calles desfilaron los habituales vendedores de garrapiñada a los que se sumaba la competencia de los pastelitos, empanadas y panes rellenos; aros, pins, vinchas y remeras de la Argentina; y cuando se largó la lluvia, emergieron los vendedores de pilotines (a cinco pesos) y paraguas (a diez pesos). Pero hubo algo que no se vendía: el chocolate caliente (con alfajor para los chicos) que repartía el Ejército. Para recibir la vianda, la gente formaba cola de una cuadra bajo la lluvia.

Volviendo al recital de Aute, muchos de los presentes se preguntaban quién estaba tocando: «Un tal Aute, dicen. Estamos pidiendo artistas argentinos y traen un gallego», se quejaba una mujer que lucía una bandera argentina como si se tratara de una chalina.

El público ovacionó a Silvio Rodríguez, que iba a cantar pocos temas pero terminó interpretando una decena de canciones y hasta bises
. Muchos se lamentaban de que hubiera llegado al país tras cinco años sólo para participar de este acto, pero sus allegados se justificaban: «El gobierno argentino lo invitó y no podía aprovechar para ofrecer además espectáculos comerciales». Lo mismo ocurrió con Aute y los uruguayos Falta y Resto, a quienes el gobierno pagó el pasaje y gastos de estadía. Pero ninguno de los artistas cobró cachet. Silly presentó al cubano Silvio Rodríguez pero antes repitió exaltado: «Gracias por el aguante, esta tarde es igual a la de 1810, con lluvia y paraguas, la gente no se mueve»; y más cerca de Piñón Fijo, dijo: «¿Lo llamamos a Silvio? ¿Me ayudan?», a lo que el público pasó del «Olé, olé, olé; Silvio, Silvio» a «Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda», mientras agitaban las banderas argentinas con la cara del Che Guevara.

El broche de oro lo dio
Charly García, quien ingresó puntualmente en el escenario vestido con saco celeste y blanco, pantalón, zapatillas y, como siempre, uñas pintadas. Se ubicó frente al piano y entonó su versión del Himno Nacional. Tras su lúcida actuación, decepcionó a quienes habían asistido sólo por él pues se retiró del escenario, luego de romper su guitarra. Nada fuera de lo común en Charly, quizá sí para cierre del acto de la Patria.

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