Además de prevenir enfermedades infecciosas, reducen hospitalizaciones, eventos cardiovasculares y el riesgo de demencia en adultos mayores, aunque las tasas de vacunación siguen siendo bajas en este grupo.
La evidencia científica muestra que las vacunas reducen hospitalizaciones y complicaciones más allá de la prevención de infecciones.
Las vacunas están demostrando beneficios adicionales en los adultos mayores más allá de la prevención de enfermedadesespecíficas, al reducir hospitalizaciones, complicaciones cardiovasculares y el riesgo de deterioro cognitivo, según evidencia acumulada en los últimos años, en un contexto donde una proporción significativa de esta población aún no accede a la inmunización recomendada.
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La principal función de las vacunas sigue siendo la prevención de enfermedades potencialmente graves, pero en los últimos años se acumuló evidencia que muestra efectos adicionales positivos en la salud de las personas mayores. Estos beneficios, conocidos como “fuera del objetivo”, sugieren que la inmunización puede influir en procesos más amplios del organismo.
Estudios recientes vinculan la inmunización con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo.
Beneficios que van más allá de la prevención
La investigaciones cientríficas comenzó a observar que prevenir infecciones también puede reducir procesos inflamatorios prolongados en el cuerpo, asociados a enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo. Estudios con décadas de seguimiento vinculan la vacunación antigripal con menores tasas de insuficiencia cardíaca, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares en adultos mayores.
Datos más recientes sugieren que la vacunación contra el VSR también podría reducir hospitalizaciones cardiorrespiratorias, aunque aún se requieren seguimientos más largos para confirmar su impacto específico en eventos cardiovasculares.
En el caso del Covid-19, la vacunación se asoció con un menor riesgo de desarrollar Covid prolongado, una condición que afecta la salud física y mental y puede generar secuelas duraderas, especialmente en personas mayores.
jubilados adultos mayores
Una parte importante de la población mayor aún no accede a las vacunas recomendadas, pese a los beneficios comprobados.
Foto: Pixabay
Vacunas y salud cognitiva
Uno de los hallazgos más relevantes se relaciona con la reducción del riesgo de demencia. Un metaanálisis internacional que incluyó a más de 100 millones de personas encontró asociaciones entre diversas vacunas y una menor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo.
La vacunación contra la culebrilla se vinculó con una reducción cercana al 24% en el riesgo de demencia. La vacuna contra la gripe mostró una disminución aproximada del 13%, mientras que la vacuna neumocócica se asoció con una reducción significativa del riesgo de enfermedad de Alzheimer. También se observaron efectos positivos en adultos mayores que recibieron la vacuna Tdap, aplicada cada diez años.
Si bien la mayoría de estos estudios son observacionales y no permiten establecer una relación causal directa, algunos análisis aprovecharon diferencias etarias en campañas de vacunación para comparar grupos casi idénticos, lo que refuerza la solidez de los resultados.
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La vacunación puede disminuir cuadros graves, secuelas prolongadas y la necesidad de internaciones en personas mayores.
Cobertura de vacunas insuficiente y desafíos actuales
A pesar de esta evidencia, una proporción considerable de adultos mayores no accede a las vacunas recomendadas. En Estados Unidos, menos de la mitad recibió la vacuna contra el VSR, alrededor de un tercio no se vacunó contra la gripe y la cobertura de la vacuna más reciente contra el Covid sigue siendo baja. La vacuna neumocócica, recomendada para mayores de 50 años, también presenta niveles de aplicación muy inferiores a los esperados.
Esta baja cobertura deja a una población vulnerable expuesta no solo a enfermedades infecciosas, sino también a la pérdida de beneficios adicionales que podrían contribuir a un envejecimiento más saludable.
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