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Caso actual provoca giro en investigación
La Justicia podría avanzar en la investigación del pago de sobresueldos a funcionarios, reconocido por María Julia Alsogaray desde prisión, incorporando otros casos actuales de desvíos de fondos en negro. Ya se citó a Cavallo, Camilión y Granillo Ocampo a prestar declaración indagatoria en esa causa. Pero no puede olvidarse que existieron y existen hoy situaciones igualmente confusas. Como el caso de la contratación de personal en una dependencia del Estado bajo este gobierno que no fue confirmada por el correspondiente decreto. Esos agentes, luego despedidos, terminaron reclamando una indemnización (también en negro) cuando nunca aparecieron en los registros contables oficiales. Lo investiga ya la Justicia. El problema es amplio en la estructura de la administración y hasta derivó en la toma de oficinas públicas.
María Julia Alsogaray
Para definir seriamente el problema es necesario dividir entre el uso de fondos reservados y el uso de partidas o libramientos de pago con imputaciones con destino distinto del que originalmente fue dispuesto.
Una primera definición debe tomarse como regla: el Estado no tiene plata en negro. Es decir, no existen ingresos en la administración pública que no puedan justificarse como para tener que llevarlos a través de una contabilidad paralela.
Pero eso no implica que el dinero blanco del Estado -recibido por recaudación o venta de bienes y activos- pueda volverse negro en su distribución. Es el caso totalmente opuesto de lo que sucede en la economía de un particular que cobra ingresos no declarados.
El primer caso, entonces, se configura cuando se firma, por ejemplo, un contrato para limpieza, publicidad o servicios profesionales. Con el contrato aprobado esa área del gobierno se hace de los fondos aprobados por el organismo o jurisdicción superior y los dedica luego a otro fin, que por lo general es pagar sueldos o contratos que no fueron registrados. Esto sucede generalmente con una intención provisoria, mientras «sale» el decreto nombrando oficialmente al empleado o asesor. Pero a veces se prolonga en el tiempo y da lugar a la existencia, muy común, de personas que trabajan para el Estado sin estar registradas en el más mínimo papel.
Hubo dos casos concretos de esta situación con los que se encontró el gobierno de Eduardo Duhalde. Al mes de asumir la presidencia, el Ministerio de Economía recibe un alerta del INDEC: empleados habían cercado -virtualmente estaba de rehén- a un director del organismo en reclamo por fondos impagos. La Secretaría de Hacienda chequeó la situación salarial de esa dependencia, ante la creencia de que todos los sueldos estaban al día; de hecho, por ese entonces, en medio del incendio económico, sólo se pagaban sueldos y jubilaciones. Efectivamente en los registros de Hacienda aparecieron los salarios al día, pero la realidad indicó que existían 1.200 personas que habían sido contratadas para tareas relativas al censo que no aparecían en ningún registro. Estaban todos en negro y tampoco había el más mínimo indicio de la situación previsional de los manifestantes.
• Contratados
Una situación similar se vivió en esos tiempos con empleados que habían sido contratados para hacer las tareas pre y poselectorales, que tenían todavía sueldos por cobrar y no aparecían en la contabilidad.
En estos casos, los fondos originales no partían de los famosos gastos reservados, sino de partidas que tenían un claro y blanco destino que luego se desviaban para atender necesidades del momento.
Es decir, existió la transferencia de Tesorería para el «programa censo», pero ninguna garantía de cómo se distribuían los fondos dentro de ese programa.
En el caso de los fondos reservados la cuestión es más complicada porque, aunque parezca gracioso, legalmente es menos comprometido su uso que el desvío de partidas para pagar sueldos en negro. Como la SIDE, madre de ese tipo de gastos, que tiene casi la totalidad de sus empleados -incluso nombrados en muchas embajadas con sueldos en dólares- en esa categoría de inexistentes. Esto es así porque, básicamente, los fondos reservados no tienen un reglamento claro que indique para qué deben ser usados.


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