30 de junio 2004 - 00:00

Despedida con sabor a derrota para el polémico juez Bergés

Bergés se va de la Justicia derrotado, en su intento de procesar a dirigentes e hinchas de Boca por la presunta falsificación de entradas para el clásico con River Plate.
Bergés se va de la Justicia derrotado, en su intento de procesar a dirigentes e hinchas de Boca por la presunta falsificación de entradas para el clásico con River Plate.
A horas de abandonar definitivamente los tribunales (se va mañana), el controvertido juez de instrucción en lo criminal Mariano Bergés sumó otra a sus innumerables derrotas: el juez que investiga el caso de las entradas falsificadas durante el superclásico sobreseyó del delito de asociación ilícita al secretario general de Boca Juniors, Luis Buzio. La medida también alcanzó a 12 hinchas del club xeneize, entre ellos Santiago Lancry y los hermanos Rafael y Fernando Di Zeo.

Si Bergés hubiera cometido alguna acción riesgosa, como Roberto Marquevich enfrentando a «Clarín», hubiera sido destituido en juicio político. Tal el encono que le tenían en la Justicia por el desprestigio de sus fallos, casi permanentemente revocados.

En una resolución de 31 fojas, el juez Dafis Niklison -a cargo del Juzgado N° 24- derribó toda la teoría elaborada por Bergés sobre supuestos episodios de violencia en la cancha de Boca el 16 de mayo último.

La acusación del magistrado con la anuencia del Programa de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos (Prosef) que comanda el «sheriff» Javier Castrilli le valió al club la suspensión de su estadio durante una fecha aunque la intención era su clausura. Si no ocurrió, fue porque se advirtió que se podría incurrir en un delito.

Lo concreto es que el correcto juez Niklison dejó al descubierto sospechosas actitudes de Bergés cuando se encontraba al frente de la investigación.

• Detención

Por caso, el polémico juez quería detener a los Di Zeo y a Lancry en la tribuna cuando ésta estaba ocupada en 95%. Dos jefes policiales (los comisarios inspectores Pircin y Eduardo López) fueron los que disuadieron a Bergés para que no emitiera semejante orden. Fueron los policías -con tino-los que le advirtieron la probabilidad de que se produjera un enfrentamiento en la tribuna que contagiara al resto de la hinchada. Es decir, hubiera sido un verdadera masacre.

«De todos modos, si él quería, igual íbamos a subir con los grupos de combate a producir detenciones. En este caso estaba el grueso de la barra, los conductores, los líderes, los más agresivos; la otra metodología era aguardar a la salida y esperar las detenciones»
, declaró el comisario López, jefe del Departamento Prevención de la Violencia en el Fútbol.

Otra cuestión interesante. En su acusación,
Bergés dice que pudo observar «en un clima de notoria violencia al personal de control o seguridad de Boca, que prácticamente no podía controlar a individuos que, claramente identificados con la llamada barra brava del club, forzaron su ingreso y lo lograron».

Dafis Niklison
tomó más de 50 testimonios. Ninguno de los que declararon, controladores, policías y preventores (inclusive un empleado del propio Bergés), se consideró víctima de coacción o de algún otro delito, como sostuvo el juez Bergés.

Así está registrado en los videos del estadio
«elocuente» -según Niklison-para darse cuenta de que no existió delito alguno.

Sólo reconocieron que tres o cuatro simpatizantes fueron los que saltaron el molinete de control, aunque tenían sus entradas.
Uno de ellos, detenido por el propio juez y retirado del estadio por personal policial.

En el acta de inicio de la causa,
Bergés dice que dispuso la detención de Di Zeo porque junto con un grupo ingresaba violentamente saltando los molinetes.

Pese a la aseveración del juez, los policías afirmaron que
«jamás existió una orden de detención» contra aquél. Y hay quienes hasta recordaron que Di Zeo pasó caminando a unos metros de Bergés. Incluso en uno de los videos se lo ve dirigiéndose a los simpatizantes que intentaban ingresar en el estadio y les gritaba a viva voz: «Sin saltar».

Lo mismo sucedió con
Lancry, que exhibe a la cámara que filmaba un carnet de socio y se le escucha decir, claramente, «soy socio, por las dudas».

Con respecto a
Buzio, Niklison interpretó que no hubo asociación ilícita y que el controvertido Bergés lo procesó por haber repartido de la forma que él quería el remanente de entradas con que el club contaba, a pesar de lo acordado con el Prosef y sin informar al magistrado que se lo requería.

«Como libre pensador considero que cada quien tiene derecho de hacer ingresar en su casa a quien le plazca, trátese de Buzio, Juan Gómez o el club Boca Juniors»
, sostuvo Niklison.

Y agregó:
«Buzio podía vender las entradas, regalarlas o rifarlas, si contaba con el aval de la Comisión Directiva del Club, bien podía hacerlo, y hasta donde sé esta actividad de Buzio no estaba cuestionada».

Finalmente, el juez estimó como
«altamente peligrosa» la adhesión «sin tapujos y fuera de todo fundamento jurídico a posturas irritantemente fundamentalistas, que motivan necesariamente operaciones de prensa y expectativas desmedidas en la sociedad».

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