8 de junio 2001 - 00:00

En 10 días debe resolverse si sale libre o lo procesan

Jorge Urso tiene, ahora, 10 días hábiles para decidir si procesa, decreta la falta de mérito o sobresee a Carlos Menem, a quien desde ayer tienen detenido preventivamente en el domicilio de Armando Gostanián. De las tres posibilidades, la primera es la que aparece con mayores posibilidades teniendo en cuenta el proceso judicial-mediático que se vivió en los últimos 60 días desde el momento en que quedó detenido EmirYoma en el escuadrón Gendarmería de Campo de Mayo. Desde ese momento, la detención de Menem se convirtió en una crónica de algo esperado y sólo faltaba esperar el momento que el juez ejecutó sin miramientos. Quizás --temió- un posible escape del ex presidente --ya fuera por un recurso extraordinario de Emir Yoma ante la Corte o por una hipotética salida del ex mandatario bajo el pretexto de su luna de miel en Siria, un país que no tiene extradición.

Pero si las perspectivas son desfavorables en primera instancia, tampoco -ni siquiera sus abogados-alientan muchas esperanzas con la Sala II de la Cámara Federal porteña, cuya composición política adversa al menemismo, no augura un resultado mejor. Precisamente a Horacio Cattani y Martín Irurzun, desde el menemismo se les imputa vinculación con el frepasismo y el radicalismo. Al primero, incluso, se lo menciona como tentado por éste gobierno para ocupar un cargo que no llegó a aceptar y de ser el verdadero impulsor de la causa. Lo cierto es que fue este dúo -con la anuencia pasiva de Eduardo Luraschi, otro juez menemista que muchas veces disintió con sus pares, pero no se animó de romper la armonía del tribunal-el que le marcó a Urso el camino aunque, ahora, traten de tomar distancia con el latiguillo de que «nunca se le pidió asociación ilícita del gabinete» o de «ir por Menem».

Ventaja procesal

Por otra parte, los camaristas tienen una ventaja procesal de la que carece Urso que debe decidir en un tiempo limitado. Ese tribunal no tiene plazos y aunque en este caso existen detenidos, nadie puede obligarla jurisdiccionalmente a que resuelva con prontitud. Si el objetivo judicial-mediático-político es la foto del ex presidente saliendo preso de tribunales --como sostienen los cercanos a Menem como tenerlo encerrado varios meses en la casa de Gostanián, la definición procesal sería un dato menor en ese terreno aunque no en el jurídico. Pero en ese plano ningún jurista de peso arriesgaba ayer que estos camaristas se decidan por revocar un procesamiento; sí podrían mantener una falta de mérito, pero esto último forma parte de la esperanza y no de la lógica por las particularidades de este proceso.

Después queda la Corte. Si bien algunos ministros del máximo tribunal sostienen que calificar de asociación ilícita a un gabinete es «un disparate jurídico» tampoco nadie arriesga cuál será su voto concreto. El propio Julio Nazareno, presidente de la Corte, reconoció sentirse molesto por lo que calificó de presiones mediáticas para que se aparte del caso por su presunta relación profesional con Menem y negó haber sido socio del ex presidente por una simple razón: «cuando él era abogado yo estaba estudiando y cuando fui abogado en el estudio Menem, él ya era gobernador y no trabajaba allí», se defendió ante periodistas aunque no ocultó la preocupación que le generó la detención del ex mandatario a la que indirectamente vinculó a acciones mediáticas y políticas y pidió a los jueces prudencia, serenidad y tranquilidad a la hora de tomar decisiones. «Sólo hay que temer al temor» dijo parafraseando a Roosevelt.

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