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Funcional
La Corte Suprema trata en la actualidad 13.000 causas al año mientras que hay ahorristas que esperan desde 2002 para saber si sus depósitos serán o no pesificados. ¿Se podrá reducir esa cantidad a unos 130 casos al año, como lo hace, por ejemplo, el máximo tribunal en Estados Unidos, y dedicarse así sólo a los temas clave del país? Es lo que impulsa el Congreso para votar antes de fin de año con varios proyectos que reducen la posibilidad de llegar a la Corte a causas menores. Será dentro de una maratón de temas que esperan debatirse en diciembre, entre los que están desde la distribución de la Cuota Hilton hasta el otorgamiento de los superpoderes que la dupla Presupuesto 2005-Emergencia Pública le hace a Néstor Kirchner.
El Congreso se decidió a apurar una vieja iniciativa: despojar a la Corte Suprema de su rol de tribunal de última instancia en causas comunes y dejarle exclusivamente el papel de arbitrar en aquellas donde se discutan garantías constitucionales.
El proyecto que avanza en Diputados busca limitar que se presenten recursos ordinarios ante la Corte Suprema. Esa iniciativa, que hoy está coordinando la arista Marcela Rodríguez, resume varios proyectos presentados y sostiene, en otras palabras, la necesidad de volver a un máximo tribunal más ágil y que se aboque a cuestiones eminentemente constitucionales.
• Fundamentos
De hecho, ese rol en EE.UU. lo cumple la Corte Suprema Federal, aunque existen también ocho máximos tribunales distritales que alivian la tarea. Por lo tanto, lo que llega a la Corte Federal son sólo temas centrales de altísima jerarquía constitucional que, además, se ventilan mediante procesos orales. Por ejemplo, llegan allí las discrepancias sobre aplicación de leyes antimonopólicas; cuestiones relativas a los derechos individuales, como la declaración de inconstitucionalidad de leyes que afectan derechos de homosexuales u otras minorías o conflictos electorales cuando éstos ponen en jaque la viabilidad del sistema, tal como sucedió en la elección entre George Bush y Al Gore, etcétera.
En los fundamentos de su proyecto, Marcela Rodríguez advirtió que «el nivel excesivo e injustificado de trabajo redunda en un mal funcionamiento y en una escasa capacidad de decisión sobre temas de trascendencia institucional. Estas importantes funciones no pueden ser satisfechas si la Corte ocupa la mayor parte de su tiempo en la resolución de causas propias de la actual competencia ordinaria», dice.
• Definición
Pero lo más importante del consenso conseguido en Diputados es la definición que aceptan de lo que debe ser una Corte Suprema: «No es un tribunal de alzada, sino un mecanismo institucional destinado principalmente a una función de interpretación constitucional, ya que en definitiva es el máximo y último intérprete de dicho instrumento». Es decir, un cuerpo que a través de sus sentencias fije los límites constitucionales al funcionamiento de un gobierno.
Para limitar la competencia, el proyecto fija que la Corte intervenga sólo en las causas en que la Nación sea parte, directa o indirectamente y cuando el valor disputado en último término, sin sus accesorios, alcance $ 2,1 millones, un criterio distinto del sostenido en el Senado.
Para Jorge Vanossi, el sistema es necesario pero, «si bien hay que darle una herramienta a la Corte para que vuelva a ser intérprete de la Constitución, esto es un parche totalmente insuficiente».


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