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Insiste Urso en apurar citación a Menem en el caso de las armas
El juez federal Jorge Urso no había resuelto todavía anoche si aceptará o no el pedido que ayer le formuló la defensa de Carlos Menem: que postergue la citación a indagatoria, adelantada para este jueves, a fin de que el ex presidente y sus abogados tengan la posibilidad de leer la causa que se instruye por el presunto contrabando de armas. Difícil dilema el de Urso. Si no concede esa prórroga reforzará los argumentos de Menem sobre una persecución que le niega o limita al extremo el derecho a la defensa en juicio. Si, en cambio, la concede, deberá admitir que sus decisiones son precipitadas, cuando no insólitas. Es poco razonable suponer -y esto es lo que justificaría la urgencia del juez para la citación-que Menem se va a fugar a un país sin extradición. Sería destruir una carrera política que ya conoció la prisión: hay que remontarse al largo cautiverio de José María Paz, "el Manco", en la primera mitad del siglo XIX, para encontrar un dirigente político argentino que haya estado tanto tiempo tras las rejas como lo estuvieron en la década del '70 Isabel Perón o Carlos Menem. Del mismo modo, es insostenible también el recurso a la figura de la "asociación ilícita" para juzgar a un gabinete nacional. Si el comportamiento de Urso y del fiscal Carlos Stornelli, tan sediento de fama y popularidad, es cuestionable, no son las únicas figuras controvertidas en este proceso. A la Cámara Federal que monitorea las decisiones del juez le costó siempre ocultar su politización. Eduardo Luraschi inició su carrera judicial de la mano de Lorenzo Miguel. Horacio Cattani es frepasista y Martín Irurzun (que tuvo como abogado personal al querellante en el pleito que ahora juzga), un alfonsinista poco cuidadoso de las garantías individuales, como demostró al aplicarle censura previa a este diario cuando Jorge Rafael Videla intentó publicar en sus páginas una solicitada de la que el juez se había enterado por una denuncia.

• Pulseada
Menem analizó ayer su estrategia de defensa -armada apuradamente a último momento, pese a los mensajes que en su momento les hizo llegar el propio Urso y la camarista Luisa Riva Aramayo sobre la proyección de la causa-con sus abogados defensores y con otros ad honorem, como su hermano Eduardo, César Arias y Carlos Corach. Según sus asesores, el ex presidente se habría mostrado en esa reunión «muy sorprendido y dolido por la decisión de Urso», como si recién tomara conciencia de la gravedad de su situación procesal.


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