Investigan a la Triple A. ¿Una broma de inocentes?

Judiciales

Todos conocemos la precaución que genera en quienes tienen exposición pública -especialmente políticala celebración en cada año del Día de los Santos Inocentes, festividad propicia para que se jueguen bromas, o se ridiculicen determinadas situaciones aludiendo a esta festividad tan particular. En Perú, México, España, Chile, Colombia, la Argentina y otros países de habla hispana, es costumbre realizar en esta fecha bromas de toda índole. Los medios de comunicación hacen chistes o tergiversan el contenido de las noticias de tal modo que la información parezca real. Se trata de una libertad que se dan los agentes mediáticos para dar rienda suelta a su sentido del humor, oportunidad que solamente tienen una vez al año. Es tradición que los periódicos publiquen páginas enteras de noticias cómicas, con la advertencia de que es el Día de los Inocentes, sucesos van desde las que son una obvia mofa a cualquier evento reciente, hasta las que parecen serias y engañan al lector desprevenido. Las figuras públicas y los opinadores suelen estar precavidos en estos días.

Tan fuerte es la prevención y el temor a que cualquier declaración, acto de gobierno o actitud de funcionarios quede comprendido dentro de este espectro y sea objeto de burla o descrédito, que hasta el máximo tribunal de la Nación, la Corte Suprema de Justicia, ha adelantado un día el acuerdo por el cual se dictaría el fallo relativo al conflicto derivado de la pesificación asimétrica con devaluación abrupta que nos legaran por más de cuatro años el ex presidente Duhalde y sus «pesificators» De Mendiguren y Remes Lenicov (depredadores olvidados en la vorágine de los acontecimientos posteriores).

Pero quizás la más cruel broma de inocentes que han recibido en las vísperas los argentinoses la resolución judicial por la cual un juez federal determinó que la Justicia va a investigar los crímenes cometidos por la Triple A en los años 1974 y 1975.

Vivimos en una Argentina en la cual el gobierno nacional -y en especial el de la provincia de Buenos Aires- no pueden garantizar la mínima seguridad de los ciudadanos; donde adolescentes son violadas a diario, golpeadas y maltratadas en estaciones de transporte público y en zonas y barrios céntricos tanto como en la periferia, sin que se pueda identificar, detener ni juzgar a sus atacantes. Los secuestros extorsivos y «exprés» están a la orden del día con bandas operando con absoluta impunidad y con todo el tiempo del mundo para negociar las cifras a pagar por el rescate, utilizando las ganancias derivadas de los ilícitos para ampliar su red criminal. Detenerse en cada esquina de la ciudad y del conurbano es una peligrosa aventura apenas cae la noche porque sujetos armados roban a automovilistas y los matan si oponen la mínima resistencia. Ya no se puede tomar un café en una mesa de vereda de un bar a la luz del día si no se cuenta con vigilancia privada, porque los arrebatadores avanzan sobre las indefensas presas y huyen sin obstáculo alguno que se los impida. Tampoco es posible siquiera comer un asado en familia en el jardín de una casa en un barrio modesto porque jóvenes drogados ingresan impunemente a las viviendas y asesinan a virtuosos padres y madres de familia por una computadora o un celular. Tampoco se puede circular por rutas y autopistas sin quedar expuestos a ser atacados y hasta asesinados a consecuencia de bandas organizadas o delincuentes que arrojan todo tipo de proyectiles, incluyendo hasta un mojón de marcación de kilometraje. Ancianos y jubilados son asaltados en sus casas, torturados, vejados y muertos de las maneras más violentas y sangrientas, por menos de cien pesos; y la corrupción ha invadido muchas esferas públicas sin que se registre sanción alguna.

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    En un país en el cual la Justicia libera inexplicable y prematuramente -bajo excusas varias y tecnicismos absurdos- a violadores, secuestradores y asesinos que a los pocos días de quedar libres vuelven a cometer los mismos ilícitos por los cuales fueron encarcelados; en el que no se puede conocer después de cuatro años quién mató a María Marta García Belsunce; cuando aún no se encuentran pistas que conduzcan a la identificación del asesino de Nora Dalmasso; y donde no se tiene siquiera idea respecto de qué es lo que ocurrió este mismo año con Jorge Julio López, la Justicia anuncia con gran grandilocuencia que dedicará su tiempo y su esfuerzo a investigar lo ocurrido en los años 1974 y 1975 con la organización terrorista de derecha denominada Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) vinculada a José López Rega, último hombre de confianza de Juan Domingo Perón y luego secretario privado y ministro de Bienestar Social de su esposa Isabel Martínez de Perón; en realidad, el hombre « fuerte» de aquel gobierno.

    ¿Imagina alguien que tendrá éxito tal investigacióny que podrá determinarse finalmentequién fue la persona que mató a Rodolfo Ortega Peña el 30 de julio de 1974 en la esquina de Carlos Pellegrini y Arenales; o quiénes fueron los encapuchados que el 21 de marzo de 1975 asesinaron a ocho militantes de izquierda en la localidad de José Mármol, o quiénes ejecutaron fríamente en esa madrugada a Bernardo Alberto Goldemberg; o la identificación de los que dispararon sobre Miguel Elizagaray dándole muerte en la ciudad de Mar del Plata en aquellos tiempos, o tantos otros reprobables ilícitos cuando no hay mínimas respuestas para los crímenes de hoy?

    Nadie niega la importancia que tiene declarar que los crímenes que comete el terrorismo -sea éste de derecha o de izquierda- son crímenes de lesa humanidad e imprescriptibles. Sin embargo, en momentos en que la seguridad diaria de la vida y de los bienes de los ciudadanos no puede ser garantizada por el gobierno, cuando la Justicia no tiene la mínima efectividad en la resolución de los crímenes que se cometen en la actualidad ni se puede asegurar la reclusión de los delincuentes peligrosos, declarar -como un gran acontecimiento- que la Justicia investigará sucesos criminales ocurridos hace más de treinta años, genera una fuerte duda respecto de si se trata de una verdadera noticia o simplemente de una broma del Día de los Santos Inocentes.
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