"Estoy orgulloso de haber trabajado con ustedes; aprendí mucho." Así se despidió ayer el ministro Guillermo López del resto de los supremos. Fue su último acuerdo y la antesala de su anunciada partida el 1 de diciembre. Néstor Kirchner ya tiene la renuncia en sus manos y también el nombre de la mujer que lo reemplazará.
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El momento del alejamiento de López estuvo coronado por una pulseada entre la Corte Suprema y el Consejo de la Magistratura. Es una disputa política de vieja data pero que, cuando se reedita, alimenta todos los celos posibles. López evitó que su ida fuera acompañada por el karma del escarnio. Por eso se negó a firmar un fallo que podría haber decidido la suerte del juez federal de Salta, Ricardo Lona, y también parir un cuestionamiento. «No quiso comprometerse en un caso que es complicado», lo defendió y justificó uno de sus colegas.
El acuerdo de ayer fue pobre en todos los sentidos. Pobre en presencia: faltó Juan Carlos Maqueda (sufre una indisposición) y también el penalista Eugenio Zaffaroni (ya se tomó la primera licencia y no estará en la Corte del 24 al 28 porque viajó a Costa Rica a recibir un título honoris causa) y el designado presidente de la Corte, Enrique Petracchi, se excusó en la causa.
•Oportunidad
Pobre también en discusión porque las ausencias notorias y las dilaciones impidieron que los cortesanos se sumieran en un debate que debería haber sentado un precedente para futuros casos. El caso Lona era una oportunidad. ¿Por qué? Porque el juez podría afrontar desde el lunes un juicio político por el Consejo de la Magistratura pese a que renunció al cargo.
Lona está sospechado de mal desempeño de sus funciones ya que actuó como albacea en una sucesión millonaria y es investigado además en el expediente de la llamada «Masacre de las Palomitas» en julio de 1976 y también por la adopción presuntamente irregular de un menor.
El camarista renunció a su cargo para evitar ser enjuiciado, pero la dimisión no fue aceptada por Kirchner, algo que originó la disputa que ahora llegó a la Corte, donde todavía no hubo resolución por falta de votos.
Precisamente era ése el gran debate. Mientras el Consejo de la Magistratura sostiene que la Corte (en un claro desafío) no tiene facultades para suspender el juicio y que en todo caso debe opinar después de una resolución, algunos de los jueces supremos afirman lo contrario. Esto es, que un juez tiene el «señorío sobre sí» y que puede renunciar cuando quiere, sin esperar que el Presidente le acepte la renuncia.
•Interpretación
Esa fue en grandes líneas la interpretación del procurador de la Nación, Nicolás Becerra, que en un dictamen se inclinó por sostener que la renuncia hace caducar el enjuiciamiento. Esta también sería la postura del presidente de la Corte, Carlos Fayt, y de los jueces Antonio Boggiano y Adolfo Vázquez. Los ministros entienden que la suspensión del enjuiciamiento no impide la persecución legal. Significa que si el juez Lona está sospechado de un ilícito se lo debería denunciar ante la Justicia penal. Pero el debate fue postergado y, por ende, también una definición sobre el juez federal de Salta. López abandonó su ultima reunión dejando a sus espaldas esta lucha -que ya no verá de cerca-entre la Corte y el Consejo de la Magistratura.
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