13 de septiembre 2022 - 00:00

La región no sufrirá una crisis como en los 80 por suba de tasas

La época del dinero gratis terminó. La Fed y el BCE lideran la suba de los tipos de interés, y el resto del mundo los acompaña. ¿Hay peligro de una crisis regional como cuando Volcker combatió la inflación?

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No hay prácticamente banco central del mundo, sobre todo de los países desarrollados, que no haya ajustado sus tasas de interés al alza. En este contexto los países en desarrollo bajo situaciones de estrés financiero son los que registran mayores dificultades. Dos altos funcionarios del Banco Mundial, Carlos Jaramillo y Marcello Estevao, compararon la situación de la región con la de las décadas de los 70 y 80 cuando las subas de las tasas en EE.UU. bajo la gestión de Paul Volcker en la Fed y los shocks macroeconómicos globales provocaron la famosa crisis de la deuda. Según Jaramillo y Estevao, América Latina no corre el riesgo de sufrir una crisis al estilo de los 80, pero advierten que se avecina una era de oportunidades perdidas. El análisis de estos especialistas en la región resulta interesante, sobre todo, para los hacedores de la política económica de Argentina quienes pueden extraer varias conclusiones, consejos y advertencias.

Los autores recuerdan las largas filas de gente en las calles esperando un plato de comida, un desempleo exponencial, la inflación fuera de control, una deuda insostenible, como parte de los problemas que traumatizaron a muchas economías de América Latina en los 80. Gran parte de estas dificultades continúan repercutiendo en la actualidad y dadas las condiciones económicas actuales cabe plantearse si la historia está a punto de repetirse.

Sin embargo, para ellos, el mayor riesgo de la región en la actualidad no es otra “década perdida” alimentada por crisis financieras, sino más bien una década de oportunidades perdidas. Ambos recuerdan que las crisis de la deuda de los 70 y 80 fueron experiencias devastadoras que encuentran un eco en los problemas de hoy. “Entonces, como ahora, los países latinoamericanos tenían grandes cargas de deuda. Hoy como ayer, la economía global experimenta shocks macroeconómicos únicos que disparan la inflación (el embargo de petróleo árabe entonces; la pandemia y la guerra de Ucrania ahora). Y entonces, como ahora, los bancos centrales del mundo, especialmente la Fed, están aumentando las tasas para combatir la inflación”. Sin embargo, advierten, que hay una diferencia clave entre entonces y ahora: “los países latinoamericanos están mucho mejor preparados para reaccionar ante estos shocks hoy que hace cuatro décadas, debido en gran parte a las enormes mejoras que se han logrado en la política económica y financiera en toda la región. Si bien se ha acusado a la Fed de estar atrasada, la mayoría de los bancos centrales de América Latina se han movido rápidamente para sofocar la inflación y guiar a sus economías de regreso a los niveles de inflación objetivo”.

Destacan que actuar temprano para subir las tasas ha ayudado a mantener los tipos de cambio bajo control. En el pasado, las economías latinoamericanas estaban sujetas a un círculo vicioso de depreciación-inflación-depreciación: las monedas perderían valor, lo que conduciría a la inflación, lo que las llevaría a perder aún más valor a medida que se deterioraba la confianza en la gestión macroeconómica. “Ese ciclo es menos riesgoso hoy en la mayoría de las economías latinas. Es cierto que algunas monedas se han depreciado notablemente en los últimos meses (por ejemplo, el peso en Chile y Colombia), pero los ciclos de retroalimentación a través de la inflación parecen más moderados que en el pasado”, explican. Las economías latinoamericanas también experimentaron mejoras estructurales que las hacen más resistentes hoy que en los 80: bancos centrales independientes, regímenes de tipos de cambio flotantes y de metas de inflación, y el fortalecimiento de las instituciones políticas.

Son optimistas sobre la capacidad de la región para evitar la crisis, pero alertan que se corre el riesgo de prolongar el estancamiento de la última década. “El progreso macro es vulnerable ya que el lento desarrollo económico crea un caldo de cultivo para el malestar social y el populismo. El crecimiento de la deuda deberá frenarse gradualmente, en un momento en que la polarización y el malestar social dificultan el ajuste fiscal.

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