La escena fue llamativa: en pleno programa de televisión, la periodista Agustina Kämpfer le ofreció a Mario Pergolini un vaso de agua de mar. Lo presentó como un producto saludable, depurativo, incluso curativo. La reacción de sorpresa, sumada a los comentarios cruzados en redes sociales, bastó para que el gesto se convirtiera en una noticia viral.
Del agua de mar, al "deep sea water"
Una periodista tomó un vaso de agua de mar en TV desató un debate urgente. Qué agua consumimos y cómo asegurarla ante la crisis climática.
-
El Ministerio de Ambiente y OSE volverán a comparecer ante Diputados por la calidad del agua potable
-
OSE activa un plan de emergencia en Minas con una inversión de u$s 4M y 8 kilómetros de tubería
Aunque lo parezca, este debate no es superficial. Nos invita a pensar en el agua como recurso, como derecho, como elemento cultural y como factor de futuro.
Celebro y es muy positivo que se hable de agua en los medios, más allá de cómo surja el debate. En un país donde se da por sentado que el agua es un recurso inagotable, cualquier excusa que nos invite a reflexionar sobre lo que bebemos, de dónde proviene y qué efectos tiene en nuestra salud y en el ambiente, merece ser aprovechada.
Más allá del espectáculo, el episodio nos abre la puerta a conversaciones necesarias. En muchos países del mundo —particularmente aquellos en zonas áridas como Medio Oriente o ciertas regiones de África— el agua de mar es un insumo vital. Gracias a la desalinización, se convierte en agua potable para millones de personas. Es posible que, con el avance del cambio climático y la presión sobre nuestras fuentes naturales, también en Argentina tengamos que recurrir a estas tecnologías en el futuro (en realidad ya existen 2 plantas en la actualidad).
Pero no todo es elección o sofisticación. Hay zonas costeras donde el mar avanza sobre napas y acuíferos, un fenómeno conocido como intrusión salina. Esto puede poner en riesgo la calidad del agua dulce y representa uno de los desafíos menos visibles del calentamiento global.
Al mismo tiempo, en el mercado de lujo crece el consumo del deep sea water: aguas extraídas a gran profundidad, ricas en minerales, que se venden como productos exclusivos en ciudades como Tokio, Dubái o París. ¿Qué pasa si ese tipo de agua llega al mercado masivo? ¿Es deseable que su consumo se expanda? ¿Bajo qué controles y regulaciones?
Frente a esta variedad de usos, calidades y narrativas, es importante recuperar un concepto técnico, pero profundamente humano: el agua adecuada para cada uso (fit for use water). No hay aguas buenas ni malas en términos absolutos. Hay aguas que sirven para hidratar, para cocinar, para lavar, para sanar, para producir. Hay personas con diferentes necesidades fisiológicas, regiones con distintos niveles de acceso y momentos donde el agua escasea o abunda. El desafío no es solo acceder a "agua segura", sino entender qué tipo de agua necesitamos y cómo asegurarla con equidad, tecnología y conciencia.
Por eso, aunque lo parezca, este debate no es superficial. Nos invita a pensar en el agua como recurso, como derecho, como elemento cultural y como factor de futuro.
Y como bien dice el refrán: nunca digas de esta agua no he de beber.
Médico Sanitarista MN 117.793. CEO de la Cámara Argentina del Agua
- Temas
- Agua



Dejá tu comentario