Pareciera que la microbiota intestinal, esta red ecológica microbiana formada por 38 trillones de microorganismos tiene la extraordinaria capacidad de compensar diferentes deficiencias nutricionales o predisposiciones genéticas.
La microbiota intestinal, al rescate
Para comprender su dimensión podemos decir que nuestro microbioma intestinal es la pieza central de nuestra salud, y lo increíble es que esta pieza no es humana, es microbiana.
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Te preguntarás cómo es posible que estos bichos que alojás puedan ser tus aliados y convertirse en tu propio rescate. Por empezar, para comprender su dimensión podemos decir que nuestro microbioma intestinal es la pieza central de nuestra salud, y lo increíble es que esta pieza no es humana, es microbiana.
Como sucede en todos los ámbitos de la vida y también en el mundo microbiano, la adaptación es una habilidad sumamente necesaria. La microbiota intestinal no se queda afuera y tiene la capacidad de transformarse y bajo ciertas circunstancias, modificar su composición.
Si lo hacemos de manera inteligente y manteniendo buenos hábitos viviremos en plena cooperación entre nosotros y ellos. Beneficiándonos ambos de esta relación.
Podemos decir que los microbios cuentan con aspectos no humanos, muchas veces tienen mayor resiliencia que nosotros, se adaptan más fácilmente, cambian y ¡te perdonan los errores sin tanto rencor!
Dentro de alguno de los tantos ejemplos que demuestra esta capacidad de adaptación y transformación, la ciencia parece indicar que en situaciones como puede ser la anemia por falta de hierro, se ve afectado por ejemplo el mantenimiento de la función de la barrera intestinal. Es la microbiota intestinal la que jugaría un rol único, con su flexibilidad y adaptación, en intentar compensar esta situación fabricando sustancias como ácidos grasos de cadena corta (uno de ellos el butirato) que ayudan a cumplir con esta función de dejar pasar hacia la sangre lo que queremos y evitar el pasaje de sustancias tóxicas.
Ahora ¿cómo se puede entender la prevalencia de la anemia por falta de hierro en la vida occidentalizada que llevamos, habitualmente con un buen aporte de carnes? Cuando tenemos alterada la composición de la microbiota puede haber una disminución de la absorción de hierro aunque se consuma la cantidad recomendada. ¡No es solo la cantidad de hierro lo que importa, es la calidad de la alimentación! Un baja ingesta de alimentos de origen vegetal, aporta poca cantidad de fibra que es el alimento indispensable para lograr una microbiota saludable que pueda llevar adelante sus funciones de manera óptima.
Otro ejemplo es el papel de la microbiota en las intolerancias alimentarias como es el caso de la intolerancia a la lactosa. La lactosa es principalmente azúcar de la leche y derivados lácteos y está presente en muchos productos alimenticios como aditivo alimentario. El déficit de la enzima lactasa capaz de degradarla puede dar síntomas digestivos.
Más allá de la predisposición genética que uno puede tener a desarrollar intolerancia a este azúcar, es la microbiota la que puede rescatarnos de esta situación. Para ello es necesario mantenerla “equilibrada”, “balanceada”, “bien alimentada”.
Se estima que el 80% de la población mundial sufre intolerancia a la lactosa en mayor o menor grado y cuidar la microbiota pareciera ser una estrategia fundamental. Las bifidobacterias, bacterias buenas que habitan nuestro intestino tienen la habilidad metabólica para digerir la lactosa, por lo tanto pareciera que quienes consumen leche y son intolerantes a la lactosa tienen mayor abundancia de estas bacterias que están metabolizando la lactosa de la leche que se toma.
Poseer una microbiota intestinal equilibrada podría ayudarnos a mejorar la digestión de la lactosa.
Cuidar nuestra microbiota intestinal a través de lo que comemos es una herramienta validada por la ciencia como pieza fundamental en la prevención de enfermedades digestivas, extradigestivas y en la mejor respuesta frente a estas condiciones.
Mientras más diverso sea tu ecosistema intestinal y más rico en términos de genes, mayor será la adaptabilidad.
Otros factores ambientales, más allá de la dieta, juegan un papel también relevante: el consumo de antibióticos, el modo en que vivimos, nuestros niveles de estrés, la “super higienización”, entre otros.
Estamos en condiciones de decir que esta “super higienización” de superficies, comida y agua; la vida moderna, el poco contacto con la naturaleza y los malos hábitos están destruyendo nuestro principal activo, que es nuestro microbioma intestinal.
Tenemos muchos desafíos por delante para que apoyados en la ciencia y en el conocimiento logremos investigar e identificar todo el potencial que nos brinda cuidar a nuestro mundo microbiano para contribuir a una buena salud.
Lic. en Nutrición, coach de salud certificada, especialista en cambio de hábitos y microbiota intestinal.
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