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14 de agosto 2021 - 00:00

El boom del vinilo, un clásico con visión de futuro que se abre paso en la era Spotify

Durante el 2020, sus ventas en EEUU destronaron a los CDs por primera vez en más de 30 años. A escala, la Argentina atraviesa un fenómeno similar. Radiografía de un curioso revival.

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Las nuevas bandejas son estrellas en el mercado. En Argentina se consiguen a partir de $10 mil.

Pixabay

Jackie Brown acaba de salir de la ducha. Es su primer día en libertad. Ahora husmea entre sus vinilos, separa uno de los Delfonics y lo pone a girar en la bandeja. Max Cherry, el hombre que hace apenas unas horas la sacó de la cárcel, la mira con curiosidad. "¿Nunca entraste en la revolución del CD?", pregunta. "Tengo algunos, pero no tengo dinero para empezar otra vez", responde ella convencida.

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El diálogo, cortesía de Quentin Tarantino, se sitúa en la década del 90 –pleno esplendor del compact disc- y plantea la incógnita sobre un rubro acostumbrado a "empezar otra vez": ¿qué pasó con la revolución del CD? ¿Y con la del MP3? En medio de la era Spotify, donde toda la música del mundo está a un click de distancia, una restauración conservadora gana terreno. Sus estrellas son viejos conocidos: los discos de vinilo. En el primer semestre del 2021, en EEUU se vendieron 19,2 millones de vinilos, un 108% más que en el mismo periodo del 2020, año en el que las ventas superaron a los CDs por primera vez en casi tres décadas y medio, según la compañía MRC Data.

A escala, la Argentina vive un boom similar. Bateas, ferias y grupos en redes sociales dedicados exclusivamente a la comercialización de LPs; nuevos y pequeños equipos a precios accesibles; programas de radio que pasan música a la vieja usanza; fábricas plenas de demanda y artistas que optan por editar su material en este formato son protagonistas de un poderoso revival. En la Semana del Vinilo (el 12 de agosto fue su Día Internacional). para conocer más al respecto, Ámbito recurrió a la opinión de Lionel Rodríguez, Martina Soto Pose y Nicolás Llasen, tres personas que protagonizan el fenómeno desde distintas aristas.

Vinilo

Un bien popular

Si de música se trata, Laser Disc es toda una institución. Esta empresa familiar, que supo constituir un imperio en Latinoamérica, logró sortear el ocaso del CD y hoy se reinventa con un objetivo claro: convertir el vinilo en un bien popular. "Somos una empresa que trata de sacar el vinilo de los nichos. Los llevamos a supermercados, hacemos distintas cosas para tratar de masificar el producto. Eso se transformó en un nuevo negocio para la compañía. Donde se genera la oferta, se genera la demanda", dice a este medio Lionel Rodríguez, director de la compañía.

Rodríguez es hijo de uno de los fundadores de Laser Disc, por eso conoce al dedillo la industria. En 1989, con el advenimiento del CD, el grupo abandonó la producción de vinilos y se volcó de lleno a lo nuevo. Recién en el 2015 la idea de volver a producir vinilos tomó fuerza. El entrevistado comenta: "Veníamos importando vinilos de Europa, vendiendo en Chile. Nosotros vendíamos CDs en los supermercados. Al empezar a vender vinilos, vimos que eran productos que podían masificarse. Compramos prensas y nos pusimos manos a la obra".

Con respecto a las causas del fenómeno, el empresario cree que "la gente tiende a volver a las raíces, a tener la relación con el objeto, a apreciarlo. Tener algo tangible, el disfrute de abrir un disco, de escuchar una obra completa, de tener información de dónde se grabó, de disfrutar del arte de un vinilo y del sonido. El sonido no tiene nada que ver con Spotify o con un CD. Vos hoy vas un cumpleaños, llevás un vinilo y es un valor percibido alto. La idea es esa, tratar de manejar precios que sean accesibles. De a poco se está volviendo un bien popular".

Según afirma, los principales compradores suelen ser personas de entre 30 y 45 años, aunque hay lugar para la sorpresa. "Todavía nos estamos redescubriendo", aclara. Junto a Warner Music -licencia con la que opera Laser Disc-, la compañía coloca en el mercado local vinilos de entre $2.000 y $2.500, una diferencia considerable en comparación a los precios promedio. "En un país con tantos problemas económicos, cuesta que la gente se haga consumidora de vinilos. Nosotros, al ser fabricantes y licenciatarios del contenido, tenemos la posibilidad de bajar costos y llevar productos a que sean regalos", destaca.

Actualmente, la empresa tiene una planta en Mataderos y cuenta con 80 empleados en Argentina y 140 en Chile. La alta demanda hace que todas las fábricas del sector tengan demoras de hasta seis meses. Además, no se trabaja solo con reediciones de álbumes antiguos, sino que el fenómeno también seduce a artistas de la era digital. Por ejemplo, este año Massacre lanzó y agotó una edición en vinilo de su clásico disco "El Mamut", del 2007, que fue editado originalmente en CD.

De cara al futuro, Laser Disc planea expandirse por la región, aunque todavía evalúa entre abrir una nueva planta en Chile o desembarcar en México. "Hoy apuntamos también a la venta en el exterior. El mercado argentino está moviendo entre 500 mil y 600 mil vinilos al año. La producción de Laser es de un millón y medio, hechos acá, en nuestra planta de Mataderos. Ahora vamos a tener dos máquinas más, estamos comprando máquinas en Europa. Hay una demanda mundial, es difícil conseguir máquinas; es complejo", apunta Rodríguez.

Entre risas y con un dejo de dolor por las prensas que su padre regaló, Rodríguez sabe lo que tiene que hacer: "Imaginate si mi viejo hubiese cerrado con llave ese galpón. Hubiese quedado una linda herencia para la familia. Pero, bueno, nadie se lo imaginaba. Con el CD va a pasar lo mismo, es un producto muy noble. Por eso no voy a tirar las máquinas".

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Rock N’ Roll Radio

Locutora y periodista, Martina Soto Pose es, ante todo, rockera. Cada fin de semana conduce en Rock & Pop “Clásico de Clásicos”, un programa donde “pincha” discos en vinilo. Con sus 35 años, supo disfrutar del imperio del CD, pero una revelación en Nueva York la acercó al mundo de los LPs. “Hace 12 años, en Manhattan, me encontré con las mantas en la calle. Como acá pueden vender libros, allá vendían muchos vinilos. Eso me llamó la atención. Yo nunca había estado en contacto con ninguno; no había visto un reproductor de vinilo, una bandeja ni nada. Me acuerdo de caminar y ver ese tesoro analógico. Tapas de discos de Kiss o George Harrison. Me los compré porque salían 25 centavos de dólar. Me los traje para decorar la habitación”, cuenta.

Más allá de la belleza estética, todavía faltaba reparar en un aspecto diferencial: el sonido. Fue en ese mismo viaje, en la casa de un amigo, cuando el círculo se cerró. “Me invito a usar su bandeja. Puse el disco de Kiss que había comprado por u$s2 y ahí flasheé. Flasheé mal. Nunca había escuchado las guitarras de Ace Frehley así. Yo eso lo seguía viendo como muy lejano”. Tiempo después, su pareja le regaló un tocadiscos y un álbum de Foo Fighters, pero el debut no fue el mejor: “Era tal la emoción que la abrí y cuando levanté el brazo le rompí la trabita al brazo. Esa era mi falta de familiaridad. Sigue rota, nunca la arreglé”.

Pese a que reivindica el “alucinante” fenómeno Spotify, la locutora evoca con nostalgia los años en los que el mundo cabía en un discman y abrir un CD era todo. Además de esa conjunción de sentidos que brindan los formatos analógicos, en tiempos frenéticos los discos ofrecen la posibilidad de parar. “Este acceso alucinante a Spotify te da muy poca perspectiva para poner un disco de comienzo a final; bancarse la ansiedad de querer pasar al próximo tema. Soy un poco ansiosa y cuando estoy con episodios de ansiedad no puedo escuchar vinilos; hasta lo motriz y delicado resulta difícil”, relata.

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En su faceta radial, Soto Pose no solo conduce sino que también emula el rol de los antiguos DJs, ya que elige los vinilos y las canciones y los ejecuta ella misma. Sobre esto, explica: “Me causa gracia porque mi colección es acotada; también me prestan amigos, colegas, mis hermanos, algunos oyentes. Algunos me dicen ‘che, qué buen tema, podés poner o traer tal otro’. Y no, no soy una rocola, aunque me encantaría. Es un momento que me obliga a involucrarme más con las canciones que con los sonidos, porque las estoy literalmente poniendo yo”.

¿Cómo es pinchar vinilos en la radio hoy en día? “Creo que lo analógico del vinilo es alucinante. A veces me pregunto si se aprecia cuando nos escuchan por la aplicación de la radio o desde la web. La propuesta en sí sumerge a la gente en esa cosa más básica, se re copa. Los fines de semana los oyentes están en otro mood. Ojo, hay mucha gente trabajando también, pero son días donde por default, o porque se lo propone, la mente se prepara para bajar unos cambios”, responde la exCQC.

A modo de cierre, Soto Pose reflexiona: “Tengo 35 años y me siento un poco vieja en el sentido de que los años te dan la perspectiva de apreciar las cosas de otra manera. Por ejemplo, me encantan los muebles modernos y minimalistas, pero tengo un sillón heredado de mi viejo que era de mi abuelo y es lo mejor del mundo”.

Vinilo

En "Alta Fidelidad", película del año 2000, John Cusack y Jack Black luchan por mantener abierta una decadente tienda de vinilos durante el auge del CD.

Alta fidelidad

Una de las novedades del boom es que el vinilo rompió la frontera de los coleccionistas clásicos. Si bien son parte importante, no son los únicos. Así se percibe del otro lado del mostrador. Nicolás Llasen es encargado de Jarana Records, una de las disquerías de vinilos más jóvenes y destacadas de la Ciudad. En diálogo con Ámbito, dice: "El revival se debe a la calidad del sonido. Podés tener un disco con muy buen cuidado que lo conserve durante años. Además, está el contacto con lo físico y lo analógico. Gusta mucho tener ese contacto, ver la tapa, tener ese arte, poner el disco, el momento que genera".

Llansen no ve contradicción entre el formato físico y el desembarco de las plataformas, sino que los entiende como fenómenos complementarios. "Sin descartar lo que sería Spotify y las redes, Internet te permite buscar artistas relacionados. Tenemos muchos clientes jóvenes que les encanta coleccionar discos; que empiezan con lo que conocen y les gusta y van descubriendo más y más", detalla.

En apenas cinco años de vida, Jarana logró hacerse de un nombre entre las disquerías porteñas; ya es una referencia ineludible para cualquier amante de los vinilos. Su catálogo incluye nuevos y usados. Ubicada en Palermo, comenzó su aventura de la mano de las colecciones personales de sus dueños, con 5.000 discos, y hoy vende al público presencialmente y a través de Internet. "La pandemia abrió mucho la venta online. Se está usando mucho el envío por correo. Tenemos clientes de todo el país: de Mendoza, de Jujuy, de todos lados", explica el encargado.

Jarana.jpg

Ubicada en Soria 5125, la disquería Jarana Records es una meca para los amantes de los vinilos.

Para Llasen, "la gran ventaja que tenemos es tener un local muy grande. Hay muchos discos, de todo. Al estar en Palermo, también contamos con el microturismo. Eso mueve mucho los discos de tango y de rock nacional. Es sorprendente, tenemos público de todas las edades- Gente muy joven, que está conociendo artistas que otro público de mayor edad ya los conoce".

A futuro, el disquero considera que "lo ideal sería que sea más accesible la edición, así se pueden sumar más artistas" y remarca que EEUU y Europa tienen ventaja porque "siempre fabricaron vinilos". "Para los artistas no debe haber nada más lindo que editar el material en formato físico. Desde un disco hasta un poster. Tener tu disco en la mano me parece más valioso que estar en una lista de Spotify", sintetiza.

En algunos años, las generaciones venideras heredarán pilas de vinilos de sus padres, quienes deberán explicar cómo en plena era digital fueron seducidos por un formato que prácticamente había quedado obsoleto tres décadas antes. La calidad de sonido, su durabilidad, la provocación al tacto y el ritual de detener todo alrededor para disfrutar de una obra entera parecen ser algunas explicaciones del fenómeno. “Heroicos sobrevivientes darán el golpe final”, cantaba Riff en “Pantalla del mundo nuevo”. Quizás, a fin de cuentas, esos son los vinilos.

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