En una esquina del bajo de San Isidro, se erige una cala del mediterráneo. Una réplica casi perfecta de esas cuevas que se formaron tras años de ser acariciadas por las olas de un mar que desvela a cada uno que lo visitó. Rápidamente quien pase por Av. Primera Junta 702 del mencionado distrito, se detiene a ver con curiosidad un diseño arquitectónico fuera de lo común.
Cala Bar apostó por una propuesta que rompe con lo convencional y se define como una fusión de sabores mediterráneos con un guiño argentino. Pero no se trata solo de una inspiración conceptual. La experiencia fue pensada para ser integral: desde el primer contacto con el espacio hasta el último sorbo.
Esa sinergia no es casual. Bradley Jacobi, socio y también creador del menú de coctelería de autor y clásicos donde incorpora técnicas de precisión y vanguardia. “Con mis socios, Federico Fernández y Matías Ghis, nos fuimos sintiendo siempre representados por elementos sueltos: la piedra, el agua, el mar, la sal, el viento, la marea… Todo eso, en conjunto, fue ordenando de a poco una idea que desembocó en Cala”, explica. Y añade: “nos encontramos con que justamente la palabra se refiere a una formación rocosa que se da en distintas partes del mar Mediterráneo”.
El lugar fue diseñado por Rodrigo Rodríguez, artista y referente del graffiti argentino quien explica: “Buscábamos una impronta surreal, no desde lo onírico, sino desde una experiencia casi real pero fuera de contexto, con su propio dramatismo y calidez”, explica Rodríguez, que usó piedras como elemento dominante. Inspirado en viajes, fotografías y una fuerte experimentación con materiales, el artista logró un ambiente que combina realismo con una impronta escultórica.
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Cala Bar apostó por una propuesta que rompe con lo convencional y se define como una fusión de sabores mediterráneos con un guiño argentino.
Uno de los puntos más destacados es la barra, concebida como una gran pieza única. “Queríamos que pareciera una sola piedra, con cierta rusticidad, pero con una superficie pulida que invite a disfrutar la coctelería y la gastronomía”, detalla. A diferencia del resto del espacio, más contemplativo, la barra se convierte en el núcleo de la experiencia directa.
Con una carta donde la barra y su coctelería de vanguardia son protagonistas, la conexión con la cocina es uno de los pilares del proyecto. Cada cóctel tiene su maridaje gastronómico y no al revés. Bradley cuenta: “El cóctel te recomienda el plato”, generando una experiencia de maridaje pensada desde el origen. Jacobi explica: “Nuestra idea fue mandar un mensaje al cliente, de manera indirecta, para que cuando vea el menú de la barra, cada cóctel tenga una vinculación sugerida con la cocina. Y eso, de alguna forma, le dice al cliente: estás en un bar”.
Entre texturas frescas y talento argentino, el espacio combina coctelería de autor, cocina de alto nivel y una experiencia estética pensada en cada detalle, gracias al trabajo del arquitecto Emiliano González, quien ayudó a bajar el concepto a una experiencia concreta. “Buscamos que no sea solo un bar, sino una experiencia. Que entres y automáticamente te desconectes de la ciudad. Cuando eso pasa, deja de ser un lugar más y pasa a tener identidad propia”, señala.
La inspiración arquitectónica también parte de las calas del Mediterráneo: esos espacios escondidos, con personalidad marcada y fuerte conexión con lo natural. “La idea fue construir una atmósfera que combine lo natural con lo sensorial. Cuando ese concepto se logra trasladar bien, se siente real y no forzado”, agrega.
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La inspiración arquitectónica también parte de las calas del Mediterráneo: esos espacios escondidos, con personalidad marcada y fuerte conexión con lo natural.
El nombre Cala también atraviesa toda la propuesta. Más que una referencia literal, funciona como una idea sensorial: ese rincón escondido, casi secreto, al que se accede como a una pequeña bahía privada. “No buscamos imitar una cala, sino reproducir su vértigo y su experiencia”, suma Rodríguez. Asimismo, Jorge Pastorino, iluminador reconocido por su obra en el Puente de la Mujer, fue quien contribuyó a un ambiente íntimo y agradable.
Detrás de la cocina está Gastón Storace, un chef de larga trayectoria en el Teatro Colón, que ideó una carta con identidad propia: “Busqué que cada plato tenga una impronta simple, honesta, con raíz mediterránea, en donde el producto sea el protagonista y los sabores remitan directamente al mar”, explica. “No es solo venir a tomar algo. Buscamos acompañar cada trago con una gastronomía de alto nivel”, resume el chef Storace.
La combinación de arte, coctelería y gastronomía construye una experiencia que se mueve entre lo sensorial y lo conceptual, pero siempre con un objetivo claro: generar un lugar donde cada detalle tenga sentido. En un escenario donde abundan las propuestas, Cala parece tener claro su diferencial: no es solo un bar, sino una experiencia pensada para ser vivida de principio a fin.
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