Mar del Plata - ¿Habrá quemado sus mayores cartuchos, en los primeros días, el 37° Festival de Cine de Mar del Plata? En la apertura estuvieron Cecilia Roth, homenajeada y presentando “Las fiestas”, y Graciela Borges, encabezando los homenajes a Leonardo Favio. Luego Santiago Mitre, Ricardo Darin y Peter Lanzani con las funciones gratuitas de “Argentina, 1985”. El sábado, Evo Morales, que bailó con un grupo folklórico e hizo una arenga en el estreno de “Seremos millones”, de Briata y Vivacqua, buen registro de la triunfal Caravana del Regreso cumplida hace dos años.
El domingo Juampi Sorín y su esposa Sol Alac presentaron su primer film como productores, “Érase una vez en Qatar”, que recuerda cómo la Argentina ganó allí el Mundial Sub-20 1995, de la mano del maestro José Peckerman. Ese mismo día John McTiernan dio una charla pública en una sala que le quedó chica (hubo dos cuadras de cola) y presentó su película “Duro de matar” en otra más grande que también quedó chica. Anteanoche presentó “Depredador”, entre aplausos y gritos de felicidad de un público joven que por primera vez veía sus películas en un cine. Ayer se fue. Ya se fueron todos, y parece no habrá más figuras hasta el sábado, día de cierre.
El sábado, al menos, volverá una de las dos novedades más convocantes, el film de animación “Pinocho”, más conocido como “Pinocho de Guillermo del Toro”, que ambienta la historia en la Italia fascista de los 20. Es una versión muy del Toro, muy libre, bien sentimental y sensacional, esto último especialmente gracias al director de animación Mark Gustafson.
La otra novedad más convocante, la que levantó verdaderas ovaciones, ya se fue del Festival: “El método Tangalanga”, de Mateo Bendesky, con Nicolás Piroyansky, Silvio Soldán (formidable), Julieta Zylberberg y otros buenos recreando los legendarios comienzos del burlador telefónico. Comedia muy bien hecha, inteligente, cariñosa, cómplice del público, se estrena a mitad de enero simultáneamente en todo el país.
Ahora, una sombra. Además de esas grandes atracciones, casi perdida, también pudo verse una auténtica joya: “Living”, versión inglesa del clásico “Vivir” de Akira Kurosawa, sobre un oficinista que, sabiéndose enfermo de cáncer, decide hacer algo en su vida, una cosita, adelantar un trámite que permita convertir un baldío infecto en un pequeño parque de juegos infantiles. Esa nueva versión fue escrita por el Nobel Kazuo Ishiguro (“Lo que resta del día”), dirigida con mucho tacto por el aquí desconocido pero muy experto Oliver Hermanus, y protagonizada por el venerable Bill Nighy, en el papel de su vida. Emoción pura, eso es la película. Se sentía la emoción en la sala. Y, según parece, no se va a estrenar, porque, para la empresa que tiene los derechos internacionales, no es una película suficientemente comercial.
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