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Máxima tensión en el transporte por paros con una deserción clave

La medida convocada por Hugo Moyano para el 30 próximo y la dispuesta por el gremio del Transporte para el 1 de mayo desató una interna entre sindicatos. Señaleros no se sumarán el 30.

El paro convocado por Hugo Moyano y sus aliados para el 30 de este mes en contra del Gobierno terminó por detonar una interna que permanecía contenida entre los sindicatos del transporte, el sector más estratégico de la CGT a la hora de plantear una medida de fuerza de orden nacional. El eje de la disputa fue la cercanía con otra medida, la dispuesta por la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT) de relevar a los afiliados de esos sindicatos de desarrollar tareas durante el feriado del 1 de mayo como método de protesta contra el impuesto a las Ganancias.

La pulseada amenaza con quebrar la CATT, un sello que en lo formal encabeza el portuario Juan Carlos Schmid pero cuyos protagonistas más influyentes son el colectivero Roberto Fernández (UTA) y el maquinista de trenes Omar Maturano (La Fraternidad), en el ámbito del transporte público de pasajeros, y Moyano en el sector carretero. Y si bien la disputa se concentra entre los últimos tres dirigentes, se proyecta hacia todo el resto de la actividad y divide aguas.

Entre las primeras consecuencias de la interna se cuenta la deserción de la Asociación de Señaleros (ASFA) del paro del 30 y la confirmación de que el gremio participará de la retención de tareas del 1 de mayo. Para el sector disidente del sindicalismo representa una baja severa por el antecedente de un paro en 2012, cuando la CGT opositora que entonces encabezaba el propio Moyano montó una huelga nacional sin el sector dialoguista ni el dúo UTA-Fraternidad, pero con la adhesión de los señaleros que bastó, sorpresivamente, para darle contundencia a la medida de fuerza.

La relación entre ASFA y los camioneros fue históricamente buena. De hecho a principios de mes Pablo Moyano se reunió con Raúl Epelbaum, número dos del sindicato, y desde entonces se daba por sentado que el gremio haría su aporte estratégico a la huelga del 30. Pero algo cambió. Este diario pudo saber que luego de haber publicado que el Gobierno analizaba promover la ilegalidad de esa medida de fuerza los señaleros retiraron su apoyo.

Por lo bajo sus dirigentes admiten que comparten en todo los reclamos planteados por el Frente Sindical por el Modelo Nacional pero que la falta de aval de la CGT al paro los deja demasiado expuestos frente a posibles sanciones del Gobierno o de las empresas concesionarias del servicio ferroviario. Sobre todo, por tratarse de un gremio chico cuya actividad está amenazada por los avances tecnológicos y la construcción de pasos bajo nivel. Para atenuar ese impacto, y como había adelantado este diario, Pablo Moyano sacó la semana pasada una carta de la federación internacional del transporte (ITF, por sus siglas en inglés), donde ejerce como vicepresidente: el organismo anticipó su apoyo a los sindicatos que resuelvan ir al paro.

Con la deserción de ASFA el bloque ferroviario quedó prácticamente del lado contrario de Moyano. La Fraternidad ya había dado a entender que no iría al paro y que sólo sostendría la retención del 1 de mayo y durante los próximos feriados hasta que el Ejecutivo aceptara morigerar el pago de Ganancias sobre los sueldos de los maquinistas. En la misma línea se puso la Unión Ferroviaria, que no integra formalmente la CATT pero que está en proceso de retorno y que mantiene, con la gestión de Sergio Sasia, un perfil dialoguista. El gremio mayoritario de los rieles también hará sólo el quite de colaboración del feriado.

Del lado de los huelguistas sólo quedaron, en el rubro, los jerárquicos de Apdfa, sometidos hasta hace pocos meses a una de las tantas intervenciones que practicó el Gobierno en sindicatos, y cuya conducción tiene un perfil más reivindicativo. También, como es habitual, el delegado disidente de la Unión Ferroviaria en el tren Sarmiento Rubén “Pollo” Sobrero.

Donde el paro del 30 parece contar con un apoyo unívoco es en el sector aeronáutico. Incluso con diferencias prometieron ir a la huelga tanto el bloque que integran los dos sindicatos de pilotos (APLA y UALA), los técnicos (APTA), el personal en tierra (APA) y los jerárquicos (UPSA) como la Asociación de Aeronavegantes (AAA), enfrentados de manera casi insalvable desde el inicio del mandato de Mauricio Macri. El aval era obvio: los pilotos de APLA integran la Corriente Federal de Trabajadores, uno de los núcleos convocantes, mientras que APA forma parte de la CTA de los Trabajadores y la AAA es una suerte de apéndice aeronáutico de los Moyano.

En tanto que en el segmento marítimo y fluvial los huelguistas tienen varios apoyos y algunas incertidumbres. El sindicato mayoritario de marítimos (SOMU), que hace un año volvió a sus afiliados después de otra extensa intervención de Cambiemos, respalda sin dudas la medida y a ellos se sumó el Centro de Capitanes de Ultramar. En paralelo resta la definición de la Federación Marítimo Portuaria (Fempinra) que, al igual que la CATT, preside Schmid. El líder de Dragado y Balizamiento, que se reunió semanas atrás con Moyano y parecía volver bajo su ala fue sorprendido por los dichos burlones del camionero respecto de la protesta del 1 de mayo. Esa declaración dejó mal parado a Schmid con el sector de Moyano pero también con la UTA y La Fraternidad, en la CATT.

En esa tensión es donde se cocina una posible fractura del sello transportista. Juan Pablo Brey, reelegido la semana pasada en la AAA sin competencia (quedó afuera una lista opositora por una impugnación del oficialismo) y vocero de la CATT intentará convencer esta semana a Schmid de unificar las protestas en la del 30 de abril. La empresa no será sencilla: además de su tironeo entre la cercanía histórica con Moyano y su actual jefatura en la CATT, el portuario y extriunviro de la CGT tiene línea permanente con Luis Barrionuevo, uno de los sostenes de la conducción de la central obrera y de la tesis de privar de legalidad el paro de los disidentes.

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