A 50 años del Concilio Vaticano II
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El Papa invitó a recuperar el deseo de aquella cita cuando "hoy es evidente el vacío de un mundo sin Dios".
"Ya que -agregó- el viaje es metáfora de la vida y el sabio viajero es aquél que tomó el arte de vivir y puede compartirlo con sus hermanos".
La misa, con lecturas en griego y plegarias en diferentes lenguas del mundo, incluidas el árabe y el chino, se desarrolló entre solemnidad y símbolos, y también con momentos de festiva confusión. El Papa arribó en el Papamóvil e hizo un recorrido entre la muchedumbre que lo saludaba.
Bartolomeo I leyó un mensaje y se refirió al Concilio como la "piedra fundacional" para todos los cristianos, y recordó la contribución de las sesiones católicas del novecientos en la difusión del Evangelio.
En la homilía, Benedicto XVI llamó a no ceder a la "mentalidad dominante", como ocurrió después del Concilio, con el riesgo de pérdida del "depósito de la Fe".
Al término de la misa, el Papa entregó personalmente a algunos representantes de diversas categorías los Mensajes del Concilio Vaticano II a la humanidad y el catecismo de la Iglesia Católica.
El Vaticano II, uno de los eventos que marcaron el siglo XX, fue un concilio ecuménico que superó todas las expectativas, ya que rompió con cuatro siglos de Iglesia tridentina y cambió sus relaciones con la sociedad y con las otras religiones.
Nadie esperaba que Juan XXIII, que tenía 77 años cuando en 1958 fue elegido papa y a quien muchos le consideraban de transición, convocase un evento de tal envergadura para enfrentarse a las muchas tendencias que agitaban a la Iglesia, que vivía en una sociedad marcada por la Guerra Fría y dividida por el Telón de Acero.
Sin embargo, Angelo Roncalli, ese papa bonachón, con aspecto de cura de pueblo, que pedía a los padres que besaran siempre a sus hijos, sorprendió al mundo sólo tres meses más tarde de ser elegido. Era el 25 de enero de 1959 cuando en la basílica romana de San Pablo Extramuros convocó el Vaticano II.
Lo convocó 90 años después de que se celebrase bajo el pontificado de Pío IX el Vaticano I, que tuvo que clausurarse de manera anticipada debido al clima de guerra que vivía Roma en aquellos años.
El Vaticano I proclamó la autenticidad de la doctrina católica y la infalibilidad del Papa, por lo que muchos pensaron, dada esa infalibilidad, que no había razón para un nuevo concilio.


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