La ceniza y la lava cubren pueblos a más de 10 km del volcán.
Unas 80 personas, entre ellos una decena de niños de menos de 10 años, murieron en las últimas horas por la nube de cenizas y las coladas de lava provocadas por la nueva erupción ocurrida el jueves por la noche del volcán Merapi, en la isla indonesia de Java.
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La cantidad de víctimas se calcula en 120 desde el 26 de octubre pasado, fecha en que el volcán volvió a estar en actividad.
Hay además centenares de heridos y quemados y casi 20.000 personas sin techo.
La mayor parte de las víctimas se concentra en la aldea de Argomulyo, que dista 18 kilómetros del cráter, a casi 3.000 metros de altura.
Después de la nueva, fortísima erupción de la noche, en la aldea muchas personas fueron sorprendidas durmiendo por las coladas de lava y barro que envolvieron los edificios, ingresando incluso en las casas y destruyendo decenas de ellas.
La columna de cenizas que salió del Merapi se alza por kilómetros y oscurece incluso la ciudad de Yogyakarta, aunos 30 kilómetros, a cuyo hospital son transportados heridos y cadáveres.
La erupción, que comenzó poco después de la medianoche local, fue "la más poderosa" desde que el volcán entró en la fase eruptiva el 26 de octubre, refirieron los vulcanólogos encargados de monitorear la actividad del Merapi.
Así, agregaron, "viendo la cantidad de material volcánico emitido, esta erupción es peor incluso que la de 1930" que causó la muerte de 1.400 personas.
Por este motivo, las autoridades indonesias decidieron extender a 20 kilómetros el área para evacuar los alrededores del cráter, el doble respecto del radio de 10 kilómetros establecidos al iniciarse la semana.
La fuga de los residentes y las operaciones de evacuación causaron escenas de caos.
Desde motos a camiones, "todos los medios de transporte a disposición fueron utilizados para llevar a la gente lejos", refirió un responsable de socorros, Widi Sutikno.
Más de 160 mil personas encontraron refugio en escuelas, edificios administrativos y el estadio de Yogyakarta, que tiene capacidad para 20 mil personas sentadas.
El presidente indonesio Susilo Bambang Yudhoyono movilizó un regimiento del ejército para participar en las operaciones de socorro y proporcionar ayudas.
Cubierto de cenizas, el aeropuerto internacional de Yogyakarta fue cerrado hasta mañana y el ministerio de Transportes estableció una "zona vedada al vuelo" de al menos 12 kilómetros en el espacio aéreo del volcán.
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