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Gran Bretaña, desde ya, está a la espera de la reprimenda y del grado de violencia que decidirá aplicarle Osama bin Laden por haber participado también en la invasión de Irak.
Indudablemente, esa guerra fue un error. Saddam Hussein no tenía armas nucleares y, aunque se intenta llevar la democracia a ese país después de una dictadura, existe de nuevo el peligro de autoritarismo y teocracia -tipo Irán- si se impone la mayoría chiita que con Saddam estaba aplacada. La contienda costó vidas de muchos de los soldados de países aliados. Pero no basta. El terrorismo quiere más y, con las muertes y su impacto, pretende poner de rodillas a las democracias occidentales. La Argentina ya fue reprimida sanguinariamente con los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA por el envío de naves -más simbólico que otra cosa- a la Guerra del Golfo en 1991, sumado al antijudaísmo del extremismo islámico. Muy grave lo que se vislumbra.
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