El mural de Sacomani es lo único agradable que Arafat observa cuando sale al patio de su sede de gobierno transformada por Israel en reclusión. El resto del paisaje son improvisadas trincheras y enormes montículos de cemento, hierro y tierra, que están allí como testimonio de los edificios que formaban parte de la Mukata hasta setiembre del año pasado, cuando el ejército israelí emprendió una dura ofensiva contra el corazón del poder palestino como represalia por un ataque suicida en Tel Aviv que dejó 6 muertos.
Lo cierto es que Arafat mantiene un fuerte liderazgo entre los palestinos, y su situación de reclusión forzada en medio de su sede de gobierno destruida fomenta que sea visto como víctima por muchos, en especial en Europa.
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