Palabras fuertes. Marcelo Crivella, un obispo evangélico, asumió ayer el Gobierno de Río con duras advertencias contra el exceso de gasto.
ío de Janeiro - Los alcaldes de los 5.568 municipios brasileños elegidos en octubre asumieron ayer sus mandatos en medio de una grave crisis económica, que llevó a varios a anunciar severas medidas de ajuste en su primer día en el cargo.
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"Austeridad", "cautela" y "recortes" fueron las palabras más comunes en los discursos de posesión de los nuevos alcaldes, principalmente los de las mayores ciudades.
El más enfático fue el nuevo alcalde de Río de Janeiro, el obispo evangélico Marcelo Crivella. "La orden es la siguiente: es prohibido gastar", dijo en su discurso el nuevo gobernante de la segunda ciudad más poblada de Brasil.
"El país está en crisis. Río de Janeiro está en crisis. Es tiempo de cautela", dijo el también exministro de Pesca al referirse a la grave recesión que el país sufre desde hace dos años y que redujo expresivamente la recaudación de todas las ciudades.
La economía de Brasil sufrió una retracción del 3,8% en 2015, su peor resultado en 25 años, y, según las últimas proyecciones, se encogió otro 3,5% en 2016, con lo que acumuló dos años consecutivos de crecimiento negativo por primera vez desde la década de 1930. Este año se espera un rebote de menos del 1%.
La fuerte pérdida de la recaudación tributaria ya obligó a varios gobiernos regionales, como los de Río de Janeiro, Minas Gerais y Río Grande do Sul, a declarar el estado de "calamidad financiera", un reconocimiento de la quiebra, para poder pedir ayuda al Gobierno federal de Brasil.
Algunas alcaldías siguieron el mismo camino y, para evitar un agravamiento, los nuevos alcaldes admitieron que tienen que apretarse los cinturones porque los recursos disponibles sólo alcanzan para pagar los gastos corrientes.
"Hay que cerrar la llave realmente. Tienen que aprender a lidiar con la escasez. Los que asumen tienen más capital político para realizar recortes, lo que es necesario", afirmó el alcalde saliente de Belo Horizonte, Marcio Lacerda, quien preside el Frente Nacional de Alcaldes y fue sustituido ayer por Alexandre Kalil.
Para evitar que más de la mitad de los alcaldes entrantes en Brasil encontrasen cuentas de sus antecesores por pagar, el Gobierno aceptó ayudar a las ciudades con 5.000 millones de reales (unos 1.515 millones de dólares), una parte importante de lo que recaudó con el programa de blanqueo de capitales.
La crisis también forzó a las alcaldías, pese a sus escasos recursos, a aumentar las inversiones en educación y salud para atender a los brasileños que retiraron a sus hijos de las escuelas privadas y suspendieron sus seguros privados de salud en un país en que el desempleo afectó en noviembre a un récord de 12,1 millones de personas.
Crivella, un ingeniero de 59 años, aseguró que las cuentas de la alcaldía de Río no escaparon a esa crisis, pese a que la ciudad consiguió atenuarla como organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016, y que tendrá que esforzarse por impedir la quiebra que amenaza a varios gobiernos regionales y municipales de Brasil.
El líder evangélico anticipó algunas de sus medidas de ajuste en 78 decretos publicados ayer mismo en el Diario Oficial. Entre otras medidas, redujo de 24 a 12 el número de secretarios de su Gabinete; determinó que la secretaría de Hacienda presente en 60 días un plan para renegociar la deuda pública con los acreedores y decretó la reducción a la mitad de los actuales cargos de nombramiento discrecional. La misma estrategia adoptó Joao Doria, nuevo alcalde de San Pablo y quien anunció la reducción de 27 a 22 del número de secretarios de Gabinete, del 30% de los "cargos de confianza" y del 15% en el valor de los contratsos de la mayor ciudad de Brasil.
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