Austria: alarma avance de la extrema derecha
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Heinz Christian Strache, presidente del Partido Liberal Austríaco (FPÖ) y discípulo del líder populista Jörg Haider, acaparó 18% de los sufragios, mientras que éste casi triplicó el apoyo popular hasta 12%, según el escrutinio provisional.
Gusenbauer permaneció escondido del público en las últimas semanas, al punto que la cadena pública austríaca de televisión ORF contó el chiste de que era más fácil encontrar al líder terrorista de Al-Qaeda, Osama bin Laden, que al canciller.
Esta bien calculada estrategia de los socialdemócratas tenía por objeto no agravar el desprestigio y desgaste sufridos por este partido durante la breve legislatura con la presencia de un político que no supo llevar a buen puerto un gobierno de coalición.
En la cúpula de los conservadores, el actual vicecanciller, Wilhem Molterer, será posiblementesacrificado para ser reemplazado por un dirigente más eficaz y popular, como el actual ministro de Medio Ambiente, Josef Pröll, según circula en los mentideros de Viena.
En una primera reacción, Pröllrechazó entrar en el debate sobre cambios en la dirección del ÖVP, pero confirmó la necesidad de abordar las causas de la fuerte sangría de votos sufrida ayer por el segundo partido de coalición.
Ahora, las miradas están puestas en Faymann, un ex concejal del ayuntamiento de Viena y titular de Transporte, Innovación y Tecnología en la recién concluida legislatura, que se perfiló por su pronunciado populismo y una permanente sonrisa. Sin embargo, quienes lo conocen de cerca afirman que tampoco abandona la sonrisa para pisar los cadáveres políticos que deja por el camino, cuando hace falta.
Faymann no le hizo asco a aliarse con el periódico sensacionalista de más tirada del país, el «Kronen-Zeitung», para sacar partido de la aversión popular contra «los dictados» de la Unión Europea y pedir consultas nacionales sobre temas como el Tratado de Lisboa.
Por cuestiones ideológicas, el líder socialdemócrata descartó durante la campaña electoral una coalición con los radicales derechistas de Strache y Haider. Un cambio de esta postura le acarrearía una pérdida de credibilidad que dejaría aún peor parado a un partido que en sus mejores momentos, en la década del 80, bajo la presidencia del canciller federal Bruno Kreisky, ostentaba una cómoda mayoría absoluta.




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