Madrid - El presidente español José María Aznar, que ayer afirmó que va a «pulverizar» todos los pronósticos electorales para las elecciones municipales y autonómicas del próximo domingo, es el principal protagonista de la campaña electoral sabedor de que es su propio futuro, el de su partido y hasta el de su esposa, Ana Botella, los que están en juego.
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Aznar ocupa un lugar simbólico como candidato en las listas del Partido Popular en el ayuntamiento de Bilbao y colocó a su esposa en los primeros puestos de la lista oficialista en Madrid. im-ados
El mandatario debe remontar la caída de su imagen, que sufrió un gran deterioro por la adhesión de su gobierno a la guerra contra Irak y por la catástrofe del hundimiento del buque petrolero «Prestige» en las costas de Galicia. Por otra parte, los cinco atentados perpetrados el viernes pasado en el centro de Casablanca, Marruecos, volvieron a colocar el tema de la guerra en el eje del debate. Una de las bombas estalló en la Casa de España, un restorán y un local social de esta ciudad marroquí, y provocó, entre decenas de muertos y heridos, el fallecimiento de tres ciudadanos españoles. Ante estos sucesos, el líder de la oposición, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, exigió a Aznar que saque a España de la «lista del terrorismo inter-nacional» durante un acto en Valladolid.
Los sondeos difieren entre una «paliza» que recibiría el PP en las urnas, a otros augurios bastante más cautos.
• Augurios
El estatal Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) llegó a augurar en pleno desarrollo de la guerra la pérdida de la mayo-ría absoluta en Madrid y en la comunidad valenciana, dos claros bastiones populares. El oficialismo seguiría conservando la mayoría absoluta en Castilla y León, Murcia y La Rioja, así como en las ciudades de Ceuta y Melilla. Los socialistas, por otra parte, mantendrían el poder en Castilla-La Mancha, Extrema-dura, Asturias y Aragón, y en la alcaldía de Barcelona.
La capital española, así como la Comunidad de Madrid, presenta una situación de paridad. Si Alberto Ruiz Gallardón se alza con un claro triunfo, no son pocos los que lo ven como un claro sucesor de Aznar.
El siempre conflictivo País Vasco es otro de los escenarios clave. Allí, en medio de la polé-mica ilegalización de Batasuna, el gobierno vasco pone en juego un ambicioso plan soberanista. En principio el PNV conservaría con comodidad una mayoría general, pero las ciudades de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, sendas capitales vascas, tienen final abierto.
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