También sostuvo que el gobierno acabará con lo que denominó «abusos» en los temas de inmigración y asilo, pero al mismo tiempo «recibirá a los inmigrantes genuinos y refugiados que lo merezcan y cumplan con la ley».
También se refirió al tema del racismo y aclaró que aunque «la gran mayoría» de los británicos no es racista, «nuestro gobierno debe responder a estas preocupaciones crecientes y reales». «Las últimas encuestas mostraron que los británicos consideran que 23% de la población es inmigrante, cuando en realidad esa cifra es sólo de 8%. Esto demuestra una percepción popular que tenemos que cambiar», continuó.
Con todo, Blair reconoció que la inmigración fue «una gran contribución» para la economía de su país y ayudó a que los servicios públicos «no colapsaran».
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