Brasilia - La decisión del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, de liberar completamente la actividad económica y la circulación de personas a pesar del incremento de contagios y muertes por Covid-19 en el país lo había enfrentado hasta ahora con la totalidad de los gobernadores y los alcaldes más importantes. Pero el problema escala: la porfía del mandatario estalló en el gabinete cuando su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, lo confrontó: “¿Estamos preparados para el peor escenario, con camiones del Ejército transportando cadáveres por las calles y con transmisión en vivo por internet?”.
El funcionario, bien ponderado por la población según las encuestas por limitar la permanente actitud del presidente de controlar los peligros de la pandemia, también lo cruzó al aclararle que el nuevo coronavirus no es, como Bolsonaro dice, apenas una “gripecita”.
La muerte de mil brasileños sería equivalente a la caída de cuatro aviones Boeing, le dijo en una tensa reunión de alto nivel ampliamente divulgada ayer por la prensa. El funcionario teme que los hospitales entren en colapso debido a la velocidad que ha tomado la circulación local del virus.
No sólo eso: según reconstruyó O Estado de São Paulo, Mandetta le pidió al jefe de Estado de ultraderecha que deje de confrontar con los gobernadores y alcaldes que están decidiendo por las suyas medidas de cuarentena y que, al revés, “cree un ambiente favorable” a un manejo cooperativo de la crisis con todos ellos, con el sector empresarial y con la comunidad científica.
El intercambio entre ambos fue extremadamente duro. Mandetta dijo que no se privará de criticarlo si el presidente sigue minimizando la crisis, y Bolsonaro le aseguró que, en tal caso, lo destituirá. Una salida de Mandetta del gabinete, una posibilidad desde ahora latente, sería en el contexto actual un golpe demoledor para un presidente que viene cayendo fuerte en los sondeos.
La respuesta pública del excapitán se produjo ayer, cuando declaró que estudia firmar un decreto para ordenar que los trabajadores de todas las actividades vuelvan a trabajar, a despecho de lo que digan las autoridades estaduales.
Además, en lo gestual, ayer a la mañana volvió a desafiar todas las recomendaciones de los especialistas y se mostró realizando un recorrido por Brasilia para interactuar con los ciudadanos.
En las conversaciones que mantuvo con la gente, el mandatario defendió que sólo los ancianos y los enfermos se recluyan por el coronavirus. También aseguró, sin que exista evidencia médica suficiente, que “la cloroquina está funcionando en todas partes”, en referencia al tratamiento que impulsa el infectólogo francés Didiere Raoult.
Desautorizó así otra vez a Mandetta, quien dijo que esa sustancia no es una “panacea” y se encuentra recién en las primeras etapas de estudio.
Tras el paseo, el mandatario publicó en redes sociales videos de su circulación por las calles, interactuando y sacándose fotos con los vecinos de las localidades de Ceilândia y Taguatinga, ambas en el Distrito Federal.
Bolsonaro dijo que aboga por que todos trabajen, excepto los ancianos. Luego de escuchar a un pequeño comerciante que se quejó porque después de dos semanas de cuarentena la comida se está acabando.
“Cada gobernador ha decidido qué hacer en su estado. A veces, demasiada medicina se convierte en veneno”, dijo el mandatario, citado por el diario O Globo.
“Defiendo que trabajes, todos los tontos trabajan. Por supuesto, cualquiera que sea viejo se queda en casa”, agregó.
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