16 de mayo 2026 - 18:53

Brasil, partido al medio: encuesta muestra un empate perfecto entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro

El presidente y el senador ultraderechista quedaron igualados en 45% de intención de voto de cara a una eventual segunda vuelta en octubre. El sondeo se realizó justo antes de que estallara el escándalo por los vínculos de Flávio con un banquero encarcelado por fraude millonario, lo que abre un interrogante sobre el impacto real del caso en el electorado.

El desgaste del gobierno y el crecimiento de figuras de la derecha apretaron la disputa entre Lula y Bolsonaro. 

El desgaste del gobierno y el crecimiento de figuras de la derecha apretaron la disputa entre Lula y Bolsonaro. 

Estadao

A cinco meses de las elecciones presidenciales en Brasil, una encuesta de Datafolha mostró que Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro empatan en intención de voto con un 45% cada uno de cara a una eventual segunda vuelta en octubre. El sondeo reflejó que un 9% optó por voto nulo o en blanco y un 1% no decidió su preferencia. El resultado convierte a Brasil en el escenario electoral más incierto de América Latina en lo que va del año.

El gigante sudamericano llega a la recta final de su campaña sin un candidato que logre sacarse de encima al otro, con una polarización que atraviesa familias, medios y todo el sistema político. Lo que hace apenas seis meses parecía un camino hacia la reelección tranquila de Lula se transformó en una carrera que ninguno de los dos puede cantar ganada.

La encuesta de Datafolha tiene un margen de error de dos puntos y es fruto de 2.004 entrevistas realizadas entre el martes y el miércoles de esta semana a brasileños de 16 años o más, en 139 municipios. La diferencia entre Flávio Bolsonaro y Lula se redujo con respecto a abril, cuando el senador tenía un punto de ventaja sobre el líder progresista —46% frente a 45%—. No obstante, muchas de las entrevistas realizadas para este sondeo tuvieron lugar justo antes de que la prensa local diera a conocer la polémica conexión entre Flávio Bolsonaro y un banquero encarcelado por sospechas de corrupción.

El timing del relevamiento es, en ese sentido, una limitación crucial del sondeo: los datos reflejan un estado de opinión previo a un escándalo que sacudió los cimientos de la candidatura del senador y cuyas consecuencias electorales recién se medirán en las próximas semanas. El mercado financiero, que sigue con lupa cada variación del tablero político brasileño, tendrá que esperar una nueva oleada de encuestas para evaluar si el caso tuerce o no la paridad que muestra el Datafolha.

Desgaste y crecimiento de la derecha

El desgaste del gobierno y el crecimiento de figuras de la derecha apretaron la disputa. Mientras los apoyos a Lula cayeron seis puntos desde finales del año pasado —del 51% en diciembre al 45% en abril—, Flávio Bolsonaro experimentó un crecimiento de diez puntos en el mismo período, escalando desde el 36% hasta el 46% en aquella medición. La tendencia de fondo, por lo tanto, favorecía al candidato de la derecha antes del escándalo del banquero.

El portal Intercept Brasil reveló que el candidato del Partido Liberal negoció con Daniel Vorcaro, un banquero que ahora está en prisión preventiva acusado de un fraude millonario, para conseguir un cuantioso patrocinio destinado a producir una película sobre su padre. El propio Flávio Bolsonaro confirmó los hechos, pero recalcó que la operación fue totalmente legal y que no ofreció contrapartidas a Vorcaro por el apoyo financiero. La aclaración no alcanzó para apagar el fuego: el rechazo de los otros aspirantes presidenciales, incluso en el campo conservador, fue inmediato y generalizado.

Por su parte, Lula aumentó ligeramente su porcentaje de intención de voto en un mes en el que se reunió con el presidente estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca, y presentó un nuevo programa social para refinanciar deudas. El encuentro con Trump, que generó imágenes de fuerte impacto diplomático, pareció traducirse en una mejora marginal del humor social hacia el presidente, aunque no fue suficiente para romper la paridad que muestra el Datafolha. La encuesta confirmó además un escenario polarizado y abierto en Brasil, en un contexto marcado por disputas judiciales, alianzas políticas y el impacto de escándalos recientes en la carrera presidencial. Con cinco meses por delante, ambos candidatos tienen tiempo para inclinar la balanza, pero también para cometer los errores que en una carrera tan pareja pueden ser definitivos.

El escándalo Vorcaro y la desconfianza en las urnas: dos nubarrones sobre el proceso electoral

El reportaje sobre los vínculos financieros de Flávio con Vorcaro se acompañó con un audio en el que el hijo mayor de Bolsonaro llama "hermano" al banquero, y ha sacudido los cimientos de su candidatura y provocado el fuerte rechazo de los otros aspirantes a la Presidencia, incluso en el campo conservador. Además, Intercept Brasil publicó otro artículo en el que aseguró que el exdiputado Eduardo Bolsonaro fue el productor ejecutivo del filme biográfico sobre su padre, financiado en parte con el dinero de Vorcaro.

El escándalo se ramifica así hacia otros miembros de la familia, complicando la narrativa de legalidad que intenta sostener la candidatura del senador y abriendo un frente judicial que podría acelerarse en las próximas semanas, en plena campaña y con el electorado prestando máxima atención.

En Brasil creció el interés de los jóvenes por las elecciones, reflejado en el aumento del 78% en la inscripción de votantes de 16 y 17 años para las municipales de 2024, segmento donde el voto es voluntario. Sin embargo, ese aprendizaje político ocurre en un contexto de profunda desconfianza institucional: el 43% de la población expresó dudas sobre las urnas electrónicas, según una encuesta de Quaest de esta semana.

El dato sobre la desconfianza en el sistema de votación es especialmente sensible porque replica la narrativa que instaló Jair Bolsonaro antes de los comicios de 2022 y que derivó en el intento de golpe del 8 de enero de 2023. Que cuatro años después casi la mitad de los brasileños siga desconfiando del mecanismo de escrutinio es una señal de que las heridas institucionales de aquel episodio no cerraron y que el terreno sigue siendo fértil para quien decida explotar esa desconfianza en la campaña que se avecina.

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