Fidel Castro organizó ayer una de las habituales manifestaciones de su régimen, en las que los participantes son compelidos a concurrir mediante un estricto control de asistencia. Con esos métodos montó una puesta en escena de un millón de personas para protestar, una vez más, contra Estados Unidos frente al edificio que la representación de ese país tiene en La Habana. Sólo que esta vez los funcionarios norteamericanos lo superaron en astucia, convirtiendo a los manifestantes en espectadores privilegiados de un mensaje por la democracia y la libertad. «Si ésta es una batalla de ideas, por qué no pueden discrepar con su gobierno» o «Lea lo que quiera, diga lo que piensa, haga lo que le parezca correcto», dijo, entre otras consignas, un enorme cartel luminoso colocado en el frente del edificio. El control ideológico que se ejerce en la isla, la habitual manipulación y la censura fueron burlados al menos una vez.
Con banderas cubanas y telas con consignas, los manifestantes colmaron la avenida costanera del Malecón, muchos de ellos vestidos con remeras rojas y carteles con el rostro del anticastrista La manifestación buscó impedir la liberación de Posada Carriles, detenido en Estados Unidos desde mayo por violaciones migratorias y acusado por Cuba de numerosos actos terroristas. Venezuela solicita su extradición bajo cargos de participación en la voladura de un avión comercial cubano que despegó de Caracas en 1976, acción que dejó un saldo de 73 muertos.
Sin embargo, Estados Unidos dijo que estudia deportarlo a un tercer país, distinto de Cuba y de Venezuela, y que por ahora no sería liberado.
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