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6 de agosto 2008 - 00:00

Bush criticado por su presencia en JO

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George W. Bush
Washington - Las exhibiciones de piruetas previstas este viernes para la inauguración de los Juegos de Pekín no van a tener mucho que envidiar a los delicados equilibrios diplomáticos que la Casa Blanca ha tenido que realizar ante la criticada asistencia del presidente Bush, algo sin antecedentes para unas Olimpíadas celebradas fuera de Estados Unidos.

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Aunque su declarado empeño es que la cita olímpica no es un acontecimiento político susceptible de boicot, la administración Bush se ha visto obligada a incluir una serie de gestos, acciones y pronunciamientos para conciliar su respaldo al vistoso debut de China como gigante internacional pero sin olvidar otras cuestiones más deplorables en materia de derechos y libertades fundamentales.

Durante sus cuatro días en China, se da por descontado que Bush -un reconocido fanático de los deportes televisados- se dedicará a respaldar públicamente a los atletas de EE.UU.

Al mismo tiempo, en reuniones privadas con la cúpula del régimen comunista, se supone que el presidente aprovechará para insistir en todo lo relacionado con hacer realidad las previsiones de que treinta años de capitalismo en China deberían haber conducido a una sociedad más democrática. Con un énfasis particular para que se permita el retorno del Dalai Lama al Tíbet, acompañado por un esfuerzo negociador.

Ante todos estos malabarismos para dejar clara la posición de Estados Unidos pero no crear situaciones especialmente embarazosas en Pekín, Bush recibió la semana pasada en la Casa Blanca a cinco destacados disidentes chinos y se comprometió a llevar un mensaje compartido de derechos humanos y libertad religiosa.

Dentro de todo este coreografiado esfuerzo, la Casa Blancaincluyó a dos medios de comunicación del gobierno comunista en la tanda de entrevistas previas ofrecidas por el presidente con motivo de su gira asiática, que también incluye a Tailandia y Corea del Sur. Durante su estancia en Pekín, está anunciado que Bush visite una iglesia local para ilustrar por lo menos su énfasis en la causa de la libertad religiosa en China. Aun así, grupos de derechos humanos, disidentes chinos y sectores del Congreso norteamericano están dejando saber su frustración por el relativo silencio de la Casa Blanca ante lo que se ha percibido como un aumento de la represión por parte del régimen comunista.

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