Washington (EFE, La Vanguardia) - Con el propósito de encarrilar el problema inmigratorio antes del verano estadounidense, George W. Bush dirigirá hoy un discurso al país en el que propondrá un uso mucho más amplio de los soldados de la Guardia Nacional, con el fin de sellar la frontera con México.
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Esta muestra de dureza está destinada a convencer a un sector de los republicanos para que acepten legalizar a una mayoría de los doce millones de indocumentados, que son una fuerza laboral imprescindible para la primera economía del planeta.
El discurso de Bush tendrá lugar a las ocho de la noche en la Costa Este, hora de máxima audiencia televisiva, y el jueves se volverá a referir al tema en una visita a la frontera con México.
Los planes concretos de la Administración sobre el despliegue de tropas aún son vagos y puede que sean difíciles de aplicar. Anoche, un comunicado conjunto de los gobiernos de México y EE.UU. indico que la militarización sería temporaria.
Se habla de que la decisión de enviar a la Guardia Nacional a controlar la frontera la tomarían los gobernadores de los estados afectados - California, Arizona, Nuevo México y Texas-, que recibirían financiación federal para las operaciones. El despliegue sería temporal, mientras se dota de más efectivos a la Border Patrol, la guardia de fronteras.
Escepticismo
Por el momento, la idea que hizo circular la Administración fue recibida con escepticismo por el gobernador nuevomexicano, el hispano Bill Richardson, y el de California, Arnold Schwarzenegger. El temor es que la Guardia Nacional se vea desbordada aun más de lo que ya está por las misiones que efectúa en Irak y su cometido normal de actuar ante desastres naturales, como hizo tras el huracán Katrina y en incendios forestales. De hecho, ya ahora se utilizan centenares de efectivos en Arizona y Nuevo México como refuerzo y apoyo logístico.
Es muy posible, no obstante, que la iniciativa del presidente sea poco más que una estratagema política para persuadir a los republicanos más duros con la inmigración ilegal, para que acepten un compromiso en la actual discusión en el Congreso. A estos congresistas se les facilitarían las cosas en las elecciones legislativas de noviembre si pudieran acudir ante sus votantes esgrimiendo el argumento de que aceptaron una amnistía encubierta para los indocumentados a cambio de un control mucho más riguroso de la frontera.
El discurso de Bush coincidirá con el inicio de una nueva negociación entre la Cámara de Representantes y el Senado. Una posibilidad de pacto que apoya Bush y un abanico de congresistas de ambos partidos sería legalizar a los sin papeles que lleven más de cinco años, a cambio de pagar una multa y verificar su conocimiento del inglés. A éstos se les abriría la vía para adquirir la nacionalidad estadounidense.
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