Candidatos rearman estrategias en nueva y frenética campaña
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Otro punto clave en la redefiniciónde la campaña del presidente será una actitud más abierta de confrontación pública con Alckmin: el próximo debate debería contar con su presencia, se descuenta.
En tercer lugar, apunta a acercarse a las estrellas emergentes del partido de Alckmin, el de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el paulista-José Serra y el mineiro Aécio Neves. ¿Cuál sería para ellos la conveniencia de « traicionar» a su partido? Lula en 2010 no podrá ser candidato, al revés que Alckmin si es que gana el 29. Así, con una continuidad del petista en el Palacio del Planalto, el camino a Brasilia estaría más despejado para ellos de aquí a cuatro años. Además, el mandatario, cuyo Partido de los Trabajadores se ha hundido en el fango de la corrupción en el último año y medio, necesitaría de ellos casi para cogobernar, al punto que los más atrevidos hablan incluso de un « triunvirato».
Neves parece dispuesto a jugar ese juego. De hecho, fue más que esquivo para Alckmin en la campaña que pasó, evitando que el impresionante caudal de 77% de los votos que le dio la reelección en Minas Gerais se trasladara a Alckmin, quien perdió allí 50% a 40% con Lula.
Serra, en cambio, rechazará la invitación. Su negocio, supone, es aliarse con Alckmin y atrincherarse en el ala paulista del PSDB, en la que milita, como única forma de cerrarle el paso en 2010 al ultrapopular Neves.
En esto y en seguir batiendo el parche en los escándalos del lulismo se basan las esperanzas de Alckmin, quien superó con su desempeño todos los pronósticos y ve por primera vez desde que se lanzó a la carrera electoral la posibilidad cierta de llegar al poder.
Unos y otros, en tanto, buscan ya los votos de Heloísa Helena, ex senadora petista de izquierda radical (6,85%), y de Buarque, ex ministro de Educación de Lula (2,64%). Ellos, echados sin misericordia por Lula en su momento, disfrutaron el domingo, pese a su derrota, del encantador sabor de la venganza.
Ella, la más dura, ya anunció que liberará a sus electores. Un acuerdo con Alckmin o Lula «sería romper con 12 años de historia y confrontación política con el proyecto neoliberal del PSDB y contra la mafia partidaria en que se convirtió este gobierno». Heloísa, expulsada del PT en 2003, queda claro, se abstendrá al volver a las urnas. Pero si muchos de sus votantes la imitan, el gran favorecido sería Lula, quien quedaría automáticamente a las puertas de la reelección.
Buarque fue más elástico y hermético. «Voy a acordar con quien se acerque más a nuestra propuesta de privilegiar la educación en el Brasil», aseguró. Todo indica que podría acordar con Alckmin, pero eso no impidió que el domingo a la noche llamara a Lula para felicitarlo. La comunicación sorprendió al presidente, que creyó entrever una posibilidad de diálogo con el hombre al que tiempo atrás echó -también por teléfonodel Ministerio de Educación por su actitud demasiado independiente. Muchos aseguran que el acercamiento fue tanto un gesto de caballerosidad como de sutil pase de factura de Buarque.
Pero Lula y Alckmin no sólo se preocupan por la nueva campaña. También por el futuro que, de ganar, les espera con un Congreso fragmentado, que en el actual escenario de acusaciones salvajes, dista de asegurar la gobernabilidad del país.
En la Cámara de Diputados, de 513 miembros, el PT se reducirá de sus actuales 91 escaños a 81, cediendo el rótulo de mayor bancada al centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), una confederación de caciques regionales conservadores sin mayor cohesión. Esta agrupación pasará de sus 75 diputados actuales a 78.
Mientras, el PSDB se encogerá de 70 a 59 escaños, y su aliado Partido del Frente Liberal, de 84 a 64. Estos números son provisorios: ni bien asuman los nuevos legisladores comenzará el poco pudoroso y tradicional juego del cambio de partido, que alcanza en este país proporciones masivas.
Así, la Cámara de Diputados será territorio más hostil para Alckmin que para Lula, situación que se invierte en el Senado.
En la Cámara alta de 81 miembros, la alianza PSDBPFL contará con 33 asientos, lo que le facilitaría negociar con el PMDB (15) y partidos menores una mayoría. Allí el PT (11 bancas) tendrá el camino más empinado.
A nivel de estados, donde se juega buena parte del poder político real en un país de fuertes regionalismos como Brasil, Lula se impuso en 16 de los 27 en que está dividido el país, contra 11 de Alckmin.
Las principales gobernaciones, como se dijo, quedaron para el PSDB, con San Pablo (Serra) y Minas Gerais ( Neves). En Rio de Janeiro, el tercer colegio electoral brasileño, la pelea quedó en otras manos: Sérgio Cabral (PMDB) se medirá en un ballottage con Denise Frossard (Partido Popular Socialista, PPS).
El PT, en tanto, ganó el cuarto colegio electoral, Bahía, donde el ex ministro de Trabajo de Lula, Jaques Wagner, desalojó del poder a los caudillos del PFL, « dueños» tradicionalmente de ese estado. Así, en gobernaciones, el PT, el PSDB y el PMDB, se aseguraron ya cuatro cada uno. Definitivamente, Brasil es hoy un país de empates.



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