San Pablo (AFP) - Los teléfonos celulares se convirtieron en el arma más poderosa de la organización criminal Primer Comando de la Capital (PCC), autor de la cruenta ofensiva contra las fuerzas del orden y blancos civiles que comenzó el fin de semana. Ante esto, las autoridades evalúan interrumpir el servicio de telefonía móvil en torno a las prisiones, aunque eso afecte a los ciudadanos.
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El «celular es más peligroso que un arma», afirmó en conferencia de prensa el director del Departamento de Investigación del Crimen Organizado (DEIC), comisario Godofredo Bittencourt. «Si no dejan de comunicarse desde las cárceles, la guerra durará más tiempo y más gente morirá», aseguró el delegado.
Por eso, la decisión de cortar las comunicaciones del PCC es una prioridad de la policía, que ayer detectó y clausuró cinco centrales telefónicas clandestinas de la organización criminal, dijo el funcionario.
Creado en 1993 en las cárceles de San Pablo, el PCC coordina acciones desde las mismas prisiones, controla buena parte del tráfico de drogas y armas en todo el estado (el más rico de Brasil), y apoya actividades delictivas a cargo de adherentes que están en libertad.
El secretario de Administración Penitenciaria, Nagashi Furukawa, explicó que la comunicación entre los líderes del PCC, los presos y los atacantes «puede hacerse de diversas maneras, pero la principal es a través de los celulares».
Por eso Furukawa coincidió con Bittencourt en que «el bloqueo de los celulares debería hacerse a través de las concesionarias» del servicio telefónico móvil. La Secretaría de Administración Penitenciaria colocó bloqueadores de señales de celulares en decenas de presidios, pero no hicieron efecto, y la comunicación continuó sin interferencias.
La propuesta policial es que se cierren preventivamente las radiobases de telefonía móvil de las proximidades de las cárceles, aunque con esa medida se perjudique a las poblaciones cercanas, dijo Bittencourt.
En tanto, la asociación de policías jubilados reclamó por la falta de control para el ingreso de celulares a las prisiones.
«Si los detectores de metal funcionan en aeropuertos y bancos, ¿por qué no dan resultado en las cárceles?», preguntó un vocero de la asociación. Furukawa argumentó que es «utópico» tener el cuerpo de carceleros «libre de corruptos», y que siempre habrá ingreso de aparatos celulares a las celdas.