Más allá de lo que se descontaba en los días previos (triunfo de Michelle Bachelet; ballottage el 15 de enero), el dato más significativo de las elecciones de ayer en Chile fue el fuerte respaldo que logró la oposición de centroderecha. Alcanzó a casi 49% del electorado, lo que vaticina una puja muy cerrada entre la candidata oficialista y el empresario Sebastián Piñera, quien buscará poner fin a 15 años de gobierno de la Concertación Democracia Cristiana-socialismo. Comienza ahora una nueva campaña con desenlace impredecible, pero que, además, puede abrir un panorama impensado para Chile y también para la región. Piñera, de perfil liberal, emerge como el nuevo líder de su sector político, ya que relegó al tercer lugar a Joaquín Lavín, dirimiendo en los comicios de ayer una suerte de interna abierta. Bachelet aspira ahora a quedarse con los votos del izquierdista Tomás Hirsch (quien, sin embargo, podría complicar al gobierno con su compromiso de no respaldar personalmente a la socialista) y a morder algo de la base más popular del voto del conservador Lavín. Piñera buscará quedarse con todo el caudal de éste, quien será su aliado, y hacer pie más firmemente en el voto del ala derecha de la Democracia Cristiana, integrante de la Concertación, pero reticente a ver a un presidente socialista por segundo período consecutivo en el Palacio de La Moneda.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los resultados de primera hora de la tarde eran todavía peores para el oficialismo. Las caras en el búnker de la candidata oficialista en el hotel Plaza San Francisco lo decían todo, pero con el correr de las horas, los números se fueron corrigiendo y el rostro del oficialismo se recompuso. Informate más
Dejá tu comentario