Washington (EFE, AFP, ANSA, Reuters) - Khalid Sheikh Mohammed, el terrorista paquistaní que asumió la responsabilidad de haber organizado los atentados del 11 de setiembre de 2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York, admitió también haber decapitado al periodista estadounidense Daniel Pearl, de «The Wall Street Journal», y haber planeado el asesinato del papa Juan Pablo II.
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En otra parte de la confesión, divulgada ayer por el Pentágono, el terrorista dijo a sus interrogadores: «Yo decapité, con mi bendita mano derecha, la cabeza del judío estadounidense Daniel Pearl en la ciudad de Karachi, Pakistán».
Las palabras de Mohammed, surgidas durante la primera audiencia después de años de detención en secreto, fue considerada por analistas no sólo una amplia confesión que abarca una década de lucha yihadista sino también un aval a la política norteamericana de encarcelar a presuntos terroristas en Guantánamo.
«Estamos en guerra con ustedes, es nuestra guerra de independencia, y Osama bin Laden es nuestro George Washington», dijo en referencia al dirigente máximo de Al-Qaeda.
Sentado en el sillón negro de una de las salas de interrogatorios en el campo de detención de Guantánamo, un búnker de cemento de tres metros por seis en la base naval norteamericana en Cuba, el terrorista paquistaní se declaró responsable de 31 episodios o proyectos terroristas en todo el mundo, desde el primer ataque al World Trade Center, de 1993, a la destrucción de las Torres Gemelas, ocho años después. Entre los dos ataques neoyorquinos se habría dedicado a planear el asesinato de Juan Pablo II y de los ex presidentes Jimmy Carter y Bill Clinton, así como atentados contra símbolos como el Big Ben en Londres, el Empire State Building en Nueva York y el Canal de Panamá.
Desafío
En febrero de 2002, un año antes de ser capturado en Pakistán, habría sido el encargado de decapitar a Pearl, un hecho cuyas dramáticas imágenes, difundidas por Internet, conmocionaron a EE.UU. «Si quieren pruebas -desafió- vayan a Internet, donde hay imágenes que me muestran con la mano sobre su cabeza».
La audiencia de Mohammed duró una hora y cuarto y se celebró el sábado pasado.
El Pentágono no permitió a periodistas ni observadores internacionales participar de la audiencia, que es considerada una etapa administrativa en el proceso para designar al paquistaní, y a otros trece presuntos miembros de Al-Qaeda, como «combatientes enemigos». De todas maneras, el Departamento de Defensa difundió las primeras páginas de la transcripción de la audiencia, aunque omitiendo algunas otras circunstancias, como las denuncias del terrorista sobre los abusos que habría sufrido primero a manos de la CIA y luego en Guantánamo, donde fue transferido en setiembre último.
Interrogantes
La confesión planteó numerosos interrogantes, tanto sobre la manera en que fue obtenida como sobre la credibilidad de la persona. Para varias asociaciones de defensa de los derechos humanos, las declaracionesdel terrorista no hacensino reforzar las dudas sobrela manera en que fueron obtenidas tras varios años en las prisiones secretas de la CIA.
La elección de los pasajes censurados «parece responder no a una exigencia legítima de seguridad, sino a un deseo de evitarles la vergüenza a los responsables del gobierno y de esconder la utilización de técnicas de interrogación ilegales», denunció el Jameel Jaffer, abogado de la ACLU, la American Civil Liberties Union.
Durante la declaración, Mohammed afirmó que las técnicas de tortura lo obligaron a incriminar falsamente a otros detenidos. «El reivindica una gran responsabilidad en incidentes terroristas menores a los que nunca estuvo ligado», ironizó Geoffrey Corn, ex abogado militar y profesor de derecho en Texas.
Según John Sifton, investigador de Human Rights Watch, las declaraciones del presunto terrorista muestran los límites del enfoque militar en los asuntos de terrorismo. En su larga declaración, Mohammed se presentó como un combatiente que lucha contra un opresor, de la misma manera que George Washington se alzó en armas contra el poder británico para obtener la independencia de EE.UU. «Es evidente que parece confiar en ser tratado como un combatiente», explicó Corn. «Deberá ser tratado como un criminal, más que como un combatiente enemigo», agregó Sifton.