Estos comicios representan el mismo duelo que en 1995, cuando Chirac, que había quedado segundo en el primer turno, se impuso en la segunda ronda por 52,64% de los votos frente a 47,35% de Jospin. Pero entonces los socialistas se recuperaron pronto de la derrota y, dos años después, Jospin obtuvo el cargo de primer ministro.
Ahora, este logro es un arma de doble filo para la izquierda francesa. Es que al fenómeno prácticamente global de la escasa confianza por la dirigencia política y hastío por las promesas incumplidas, en Francia se suma el hecho de que el balance de estos cinco años de cogobierno es sumamente complejo para los electores. ¿Merece Chirac ahora la oportunidad de gobernar por completo el país o, en cambio, Jospin debería subir el último escalón del poder? Pero además, como señala un análisis del diario «Le Monde», ¿se puede sentir que hay una alternancia en el poder eligiendo a uno u otro de estos candidatos?
A estos dilemas se suma el hecho de que, tras la elección presidencial en dos rondas, todavía quedan dos turnos de comicios legislativos (el último previsto para el 16 de junio) con lo que es muy difícil para los ciudadanos anticipar cómo estará repartido el poder en Francia y, por lo tanto, qué escenario encontrará el próximo mandatario.
Puede ser que en ambos comicios gane o bien la derecha o bien la izquierda, o que se repita una cohabitación como la actual o invertida, con un presidente de izquierda y un premier de derecha. En todo caso, lo que no ayuda a los electores a la hora de definir su voto es que,
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