Comenzaron en Oslo negociaciones entre gobierno colombiano y FARC
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Los delegados del gobierno colombiano.
El martes se incluyó en el proceso a la guerrillera holandesa Tanja Nijmeijer, alias "Alexandra", que no está en Oslo, pero que se sumará a las negociaciones cuando las conversaciones se trasladen a La Habana, algo por ahora sin fecha.
Las delegaciones continuarán negociando este jueves, día en el que está prevista una conferencia de prensa de ambas partes -no está claro si será conjunta o por separado- en la que se aguarda el anuncio de la apertura formal de las negociaciones de paz y mayor información sobre el calendario para el traslado del proceso a La Habana.
El encuentro con los periodistas será en el Hotel Hurdal, a una hora de Oslo, a las 15 de Noruega, las 10 de Argentina.
Está claro que tampoco en la conferencia habrá detalles o anuncios de peso sobre las gestiones, porque varios expertos atribuyen a la discreción y la poca difusión el éxito de la primera parte, iniciada desde comienzos del gobierno Santos en el 2010 y concluida hace apenas un par de meses.
La prueba de que en Oslo no habrá más que presentaciones está dada por el anuncio de que es probable que la delegación insurgente vuelva mañana mismo, después de la conferencia, a La Habana, y que el viernes haga lo propio la del gobierno.
La mesa de diálogo se instauró con varios días de retraso. Originalmente estaba previsto que comenzara el lunes o martes y que hoy se anunciara la formalización de las negociaciones, pero la agenda sufrió un retraso por problemas de última hora.
El gobierno y las FARC sostuvieron negociaciones secretas en Cuba entre febrero y agosto, tras las cuales firmaron un acuerdo para comprometerse a entablar negociaciones en octubre.
Se trata del cuarto intento del Estado colombiano por llegar a un acuerdo con las FARC, que surgieron en 1964 y han protagonizado fracasadas negociaciones con los gobiernos de los presidentes Belisario Betancur (1982-1986), César Gaviria (1990-1994) y Andrés Pastrana (1998-2002).
En las conversaciones, además de los propios intereses y objetivos de las partes, se juegan los deseos de otros sectores: las Fuerzas Armadas y de seguridad, víctimas de secuestros, familiares de muertos de uno y otro lado, y hasta de organizaciones de derechos humanos.
El director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, por ejemplo, celebró las negociaciones de paz, pero consideró que un eventual acuerdo "deberá asegurar justicia por los abusos cometidos", ya que de lo contrario Colombia "quedaría expuesta a acciones" de la Corte Penal Internacional.


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