Residencia: Una habitación de la Casa de Santa Marta, la residencia donde se alojarán los cardenales que se reunirán en cónclave a partir del lunes próximo. Llamado «el hotel», cuenta con 106 suites, 22 habitaciones individuales y un departamento. Tiene suelos de mármol claro y puertas de madera oscura, una capilla y un amplio comedor.
Ciudad del Vaticano (EFE, AFP, Reuters) - Los cardenales comenzaron ayer una intensa semana de reuniones para llegar a un acuerdo sobre el perfil del sucesor de Juan Pablo II antes del inicio del cónclave, el 18 de abril, una magna tarea para la que solicitaron las oraciones de todos los fieles. Según los analistas, la figura de Juan Pablo II, sus multitudinarias exequias y su probable aclamación como santo planean vertiginosamente sobre los purpurados que elegirán al próximo Pontífice.
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El objetivo principal de la reunión que se celebró ayer en la Sala del Sínodo del Palacio Apostólico, y de las que proseguirán durante la semana, es facilitar la tarea de los 115 cardenales con derecho a voto que elegirán al nuevo Papa (hay dos bajas por enfermedad) y evitar así un bloqueo o alargamiento del cónclave.
Todos los análisis previos al cónclave del próximo lunes hacen hincapié en el peso que el largo pontificado de Karol Wojtyla ejercerá en las reflexiones públicas y privadas de los purpurados antes de las votaciones, más aún tras lo visto en su larga despedida. La peregrinación incesante para rendirle el último homenaje y la reunión en torno a sus restos mortales de los gobernantes de los principales países del mundo, algunos de ellos enemigos declarados, han agigantado su personalidad y la dimensión de su legado. El impacto emotivo puede ser todavía mayor cuando mañana se reabran las grutas vaticanas para que los fieles puedan visitar la tumba de Juan Pablo II, ya que está previsto un nuevo desfile multitudinario, que probablemente se superponga al cónclave.
En sus declaraciones a los medios de comunicación, previas a la ley del silencio que se impusieron el sábado, diversos cardenales -en una línea que se ha convertido en la prevalente- señalaron al Pontífice fallecido como ejemplo a seguir a la hora de buscar su sucesor. Destacaban, en esa dirección, su capacidad de comunicación en un mundo global, en el que las nuevas tecnologías son altavoz imprescindible para difundir cualquier mensaje, también el de la religión, y su espíritu viajero, para acortar distancias con los fieles.
Menos atención ha merecido en esas indicaciones su continuismo en materia de moral y organización de la Iglesia, frente a su talante eminentemente político ante los modelos de globalización, con especial alusión a la pobreza, los derechos humanos y la guerra.
En este sentido, se conocieron ayer declaraciones uno de los más prominente disidentes liberales de la Iglesia, el teólogo Hans Kueng, quien acusó al cardenal conservador Joseph Ratzinger de manipular el cónclave papal con una campaña para canonizar a Juan Pablo II y obligar a su sucesor a seguir sus pasos.
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