«Los antecedentes reunidos invalidan cualquier explicación de las torturas como actos anómalos o fortuitos, como acciones solamente imputables a título individual, y ponen de relieve su deliberado carácter institucional», sostiene el texto.
«Todo permite concluir que la prisión política y la tortura constituyeron una política de Estado del régimen militar, definida e impulsada por las autoridades de la época, que para su diseño y ejecución movilizaron personal y recursos de organismos públicos, dictaron decretos y leyes que ampararon tales conductas», precisa.
«Por violación quedé embarazada y aborté en la cárcel. Sufrí descargas eléctricas, colgamiento, 'submarinos', simulacros de fusilamiento, quemadura con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufrí violación y acoso sexual con perros, la introducción de ratas vivas por la vagina. Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano, que estaban detenidos, y tuve que ver y escuchar las torturas a ellos», dice uno de los testimonios más dramáticos, que pese al anonimato se sabe que pertenece a una mujer que entonces tenía 25 años.
Dejá tu comentario