Un hombre pro Aristide forma una barricada en Puerto Príncipe. Detrás, otros haitianos celebran el carnaval en medio del caos.
Puerto Príncipe (Reuters, AFP, EFE) - Puerto Príncipe, la capital haitiana, se encuentra en tensa espera. Las embajadas extranjeras aceleran las evacuaciones de la manera que pueden, aunque muchas no tuvieron éxito. Bandas armadas erigieron barricadas desde ayer a la mañana aguardando el asalto de los rebeldes, que se produciría de un momento a otro. Ante este escenario, Francia, ex potencia colonial, y Estados Unidos, acordaron el envío de una fuerza internacional, aunque la Casa Blanca exige antes un acuerdo político.
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El presidente Jean-Bertrand Aristide está tratando de contener una sangrienta revuelta iniciada hace tres semanas contra su gobierno, encabezada por insurgentes que incluyen a ex jefes de escuadrones de la muerte y a un ex jefe policial. Leales a Aristide, enmascarados, cortaron calles en Puerto Príncipe con autos, piedras y neumáticos e interrogaban a los automovilistas que trataban de pasar. «Queremos capturar a Aristide por crimen de alta traición», dijo el jefe militar, Guy Philippe.
Los rebeldes controlan la segunda mayor ciudad del país, Cabo Haitiano, y otras poblaciones del Norte. Aristide, que logró enviar a sus hijas a EE.UU., dijo que miles de personas pueden morir si se les permite llegar a la capital (2,5 millones de habitantes). El gobierno de George W. Bush aceptó finalmente el envío de una fuerza multinacional, pero no sin antes alcanzar un acuerdo político.
«Una vez que se alcance un acuerdo político vamos a insistir para que la comunidad internacional provea una fuerza de seguridad», dijo el presidente de EE.UU. «Lo primero es lo primero.»
Lo que Aristide quiere es que la fuerza extranjera lo ayude a sofocar la revuelta, pero el canciller francés Dominique de Villepin pidió al presidente haitiano que «saque conclusiones» de la actual situación, lo que equivale a un virtual pedido de renuncia. De Villepin consideró que Aristide se alejó de la legalidad e indicó que su país asumirá «su parte de responsabilidad en una fuerza civil de paz inmediata». Para ello, hoy se reunirá el Consejo de Seguridad. Si bien existe consenso entre la Comunidad de Naciones del Caribe y en la Organización de Estados Americanos para el envío de una fuerza multinacional, el presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, se permitió una ironía: «Tenemos que invadir Haití con un ejército de maestros, de técnicos, de filósofos, de políticos, de agricultores, porque tenemos que sacar a Haití de la pobreza y de la miseria», indicó en México.
Estados Unidos, en tanto, ordenó a la Guardia Costera repatriar a todos los haitianos que intercepten en el mar tratando de llegar a las costas de Estados Unidos.
Los opositores políticos de Aristide rechazaron el martes un plan presentado por diplomáticos y apoyado por Estados Unidos para que Aristide permanezca en el cargo, pero que comparta el poder con sus opositores y nombre un nuevo gabinete.
Más de 60 personas murieron en la revuelta, que estalló el 5 de febrero en la ciudad de Gonaives, al norte de Puerto Príncipe. A los rebeldes se han unido Louis Jodel Chamblain, que fuera líder de una milicia que aterrorizó a los haitianos a principios de los años '90, y ex soldados del ejército que Aristide desmanteló cuando volvió al poder en 1994 tras ser derrocado por un golpe de Estado meses después de asumir por primera vez el cargo en 1991. Aristide defendió la democracia haitiana en la década de 1980 y se convirtió en su primer líder libremente electo en 1991, pero ahora es acusado de corrupción por sus oponentes.
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